miércoles, 5 de abril de 2017

la nutrición en nuestras vidas y su relación con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas

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Estimados lectores del Boletín de Parkinson Aragón. Ya está aquí otra entrega de nuestro Boletín, de nuestra opinión respecto al mundo que nos rodea y que, gustosamente, queremos compartir contigo.

El tema central de este número es “La alimentación” y contamos con la colaboración de Dª. Itziar González de Arriba, quien muy amablemente, nos ha cedido, para su publicación, dos capítulos de su libro “¿Qué es una dieta sana?” y próximamente colaborará de nuevo con nosotros para seguir hablando de la importancia de la nutrición en nuestras vidas y su relación con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Dª. Itziar es fisioterapeuta, osteópata, máster en Nutrición y Salud, máster Europeo Nutrigenómica, post-grado Terapia Regenerativa, primer ciclo de la licenciatura de Químicas.
Además de su labor en consulta integrando alimentación y terapia manual, participa en la publicación de varios artículos científicos e investigaciones sobre nutrición errónea y patología, y es profesora en diferentes universidades españolas y Colegios de Fisioterapeutas, de varios cursos dirigidos a entender la relación pa-ralela entre la nutrición y el desarrollo de diversas patologías o diferentes sintomatologías, enfocadas, fun-damentalmente, a trastornos osteomusculares.
Nuestro más sincero agradecimiento a su colaboración.
Alegrad esas caras que ya estamos en primavera y, mejor o peor, hemos superado otro invierno, y, como en años anteriores, al llegar la primavera llega el Día Internacional del Parkinson, el 11 de abril, y en esta ocasión hemos preparado desde las diferentes sedes de la Asociación una serie de actos para conmemorar este día y así sensibilizar un poco a la sociedad y difundir nuestra existencia, pero, sobre todo, todos los actos de la semana mundial del Parkinson están pensados para ti, para que participes, para que compartas con nosotros tus cosillas. Si tú no acudes a los actos programados, todo se desinfla y pierde valor, todo se queda en nada.
Para terminar, y antes de despedirme, quiero agradecer la colaboración en este Boletín del equipo del pro-grama “La Pera Limonera” de Aragón TV. que tan amablemente han respondido a las preguntas que sobre alimentación y sobre el programa realizaron los enfermos más jóvenes de esta Asociación.
Gracias a Daniel Yranzo, Pedro Olivar, presentadores y Óscar Racero de Producción.
También recordaros que el lunes 14 de abril tendremos la asamblea en la sede de la asociación. Podréis ver la exposición de manualidades que han hecho un grupo de enfermos e incluso comprar algunas de ellas. ¡No faltéis!
Espero que os resulte entretenido este número del Boletín, que, como todos, os ofrecemos con mucha ilu-sión,
Fdo.: Amador Plaza Diez
Presidente
Editorial boletín nº 47 (Primavera 2014)
ASOCIACIÓN PARKINSON ARAGÓN
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Extraído del libro "¿Qué es una dieta sana? Soluciones útiles para eliminar el dolor y la fatiga" De Itziar Gon-zález de Arriba* (Ed. Laboratorios Nutergia)
El ADN de cada persona sufre diversas mutaciones a lo largo de la vida. El mecanismo principal que regula estas mutaciones es la llamada Metilación del ADN. A medida que se avanza en el ciclo vital aumentan los "fallos en la expresión génica" por ‘híper o hipometilación; la reducción de la expresión génica puede disminuir la "cantidad" de proteínas, desde aquéllas que for-man parte del paquete muscular, hasta enzimas diversos implicados en fun-ciones básicas, como las participantes en los mecanismos de reparación de ADN o en la eliminación de productos metabólicos oxidados. La hipermetila-ción, puede activar genes relacionados con cáncer.
Es decir, la metilación es lo que regula que las personas envejezcan más rá-pido o más despacio, de manera que la función principal de estos genes sería mantener libres de cáncer somático a los individuos durante el desarrollo y la reproducción, mientras que el coste sería el envejecimiento celular, el aumento de riesgo de tumoración y la muerte en etapas avanzadas del ciclo vital.
El hombre, como los demás mamíferos, dispone de complejos sistemas reguladores, algunos de los cuales son responsables de su gran longevidad, mediando en su más lenta tasa metabólica, mientras que otros son sistemas de protección para mantener la homeostasis frente a cambios del ambiente interno y externo du-rante nuestro prolongado ciclo vital, como son la detoxificación, la reparación o el sistema inmune. Todos estos sistemas se relajan con la edad cronológica, y determinan que se acumulen cantidades importantes de productos tóxicos resultantes de fallos en estos mecanismos, o que se reduzca la inmunoprotección.
La singularidad humana reside en el tamaño de su cerebro, en la complejidad estructural de la corteza cere-bral, y en las capacidades y comportamientos derivados de ello: lenguaje articulado y pensamiento cons-ciente.
Se ha sugerido que la evolución del cerebro requirió tanto importan-tes cambios anatómicos, fisiológicos y de comportamiento, como cambios en el número y duración de las etapas de ciclo vital. Así se prolonga el tiempo entre el destete y la maduración sexual introdu-ciendo una nueva etapa, la niñez (Bogin, 1999); se establece clara-mente una adolescencia en ambos sexos y se prolonga considera-blemente la vejez. El prolongado período de crecimiento y desarrollo humano va ligado a bajos requerimientos metabólicos por unidad de peso corporal (Mello, 1995). El cerebro es un órgano energética-mente caro, que compite con otras partes del cuerpo en la utilización de energía nutricional.
Nutrición y envejecimiento
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Esta competencia por recursos nutricionales durante la etapa prenatal siempre favorece al cerebro, de tal manera que situaciones, carenciales se asocian con determinados problemas de salud en la vejez, como la hipertensión.
Durante el desarrollo postnatal, el rápido crecimiento del cerebro entre los O y los 9 años, coincide con una fase latente del sistema reproductor, que no inicia su rápido desarrollo puberal hasta que no termina el crecimiento del cerebro. Se plantea que el elevado coste energético derivado del mantenimiento del cerebro humano (entre un 25-40 % de la Tasa Metabólica Basal, TMB) requiere un metabolismo más lento, al que se ajustan todos los sistemas y órganos del cuerpo (salvo el ritmo de atresiá de folículos ováricos), retrasando así su proceso de envejecimiento y muerte respecto a otras especies.
Las evidencias que relacionan radicales libres y envejecimiento se ba-san más en correlaciones que en pruebas directas; en teoría, si el daño no reparado causado por radicales libres es causa de envejeci-miento, los animales con una alta TMB (los que queman oxígeno con relativa rapidez), vivirían menos que los de TMB lenta; de hecho, el metabolismo basal de una especie es inversamente proporcional a la duración de su vida. Los tejidos del hombre producen más superoxi-dodismutasa (enzima hepática desintoxicativa por excelencia) y son más resistentes a la oxidación que los de especies menos longevas; ello protege contra el envejecimiento; quizás en esta enzima (u otras semejantes) esté el "truco" de la longevidad humana.
La certeza de que el proceso de envejecimiento y muchas de las enfermedades degenerativas y tumorales que le acompañan pueden controlarse mediante "estilos de vida adecuados", surge de tres fuentes princi-pales:
a) La experimentación animal.
b) La comparación de los procesos de envejecimiento.
c) Las incidencias de enfermedad degenerativa y tumoral asociadas a la vejez en poblaciones que desa-rrollan sus ciclos vitales en diferentes condiciones ecológicas.
No solamente se ha demostrado un efecto diferencial de factores ambientales sobre el envejecimiento y las enfermedades asociadas, sino también que los efectos son diferentes dependiendo del momento del ciclo vital en que se produzcan. Se ha demostrado en varios trabajos cómo la deprivación nutricional temprana tiene consecuencias para la salud en la vejez, abriendo un nuevo campo de aproximación a la biología de la vejez que algunos denominan "epidemiología auxológica", que, basado en la perspectiva de ciclo vital, per-mite explicar las diferencias en envejecimiento y enfermedad dependiendo de las condiciones ambientales tempranas, muy especialmente de la nutrición (OMS, 2003; Cameroon y Demetath, 2002).
La exposición a restricciones o excesos nutricionales en la vida fetal, infancia, niñez y adolescencia puede afectar en gran medida el riesgo de contraer enfermedades crónicas en edades avanzadas, como cardiovas-culares y diabetes. Además, los efectos inducidos durante las etapas tempranas del ciclo vital pueden per-petuarse a lo largo de generaciones.
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La reciente revisión de Cameron y Demetath (2002) sobre la relación entre situaciones limitantes en periodos críticos de crecimiento y la aparición de enfermedades en la vejez, permite concluir que los cambios en la expresión génica con la edad determinan cambios involutivos irreversibles en las células, con manifestación morfológica y funcional. La restricción calórica postnatal aumenta la longevidad porque retrasa la represión génica y, con ello, la pérdida de eficacia inmune, de pérdida ósea y muscular, de cambios en colágeno, en miocardio y en nefropatías, entre otros procesos. Se ha visto también, que la restricción calórica retrasa el envejecimiento vía disminución de la tasa de replicación celular (restricción de crecimiento) y, relacionado con, ello, disminuyendo la exposición a radicales libres secundarios del metabolismo de los nutrientes.
Simplificando, podemos decir que los factores ambientales generadores de diferencias en longevidad, enve-jecimiento satisfactorio y presencia de determinada enfermedades son los que afectan de manera diferen-cial a la expresión génica. La expresión génica se puede ver modificada por ajustes a la ingesta calórica dis-ponible durante la etapa de crecimiento y desarrollo, de manera que grandes cantidades de energía aceleran el proceso, lo cual se traduce en cambios fenotipicos cuantificables menarquia más temprana, mayor ta-maño, mayor IMC, etc.), mientras que situaciones de disponibilidad energética muy justas o deficientes re-trasan la maduración y el crecimiento y determinan fenotipos de menores tamaños e IMC. En este sentido, es interesante recordar que algunos autores han encontrado una correlación positiva entre edad de madu-ración de un órgano o sistema y el inicio de su involución. Si esto fuera así, la propia dinámica del desarrollo ambientalmente limitada, determinaría el inicio de la involución, es decir, generaría diferencias entre edad cronológica y edad fisiológica que se mantendrían lo largo del ciclo vital.
Diferencias cuantitativas y cualitativas en la dieta se asocian con producción diferencial de radicales libres que, a su vez, son capaces de modificar la expresión génica. El mecanismo asociado a los beneficios de la restricción calórica está relacionado con un menor consumo de oxígeno en las mitocondrias en animales con restric-ción calórica y la consecuente menor producción de radicales libres. La restricción de nutrientes específicos que aumentan el estrés oxidativo, como las grasas y el hierro, pueden tener efectos igualmente beneficiosos. Estos hallazgos se han confirmado en otros mamíferos, pero no en el hom-bre, por razones obvias, aunque es lógico pensar que los mecanismos sean semejantes. De hecho, la certeza de que es así y, ante la dificultad de establecer un nivel adecuado de "res-tricción calórica en humanos", se está trabajando para desarrollar a medio plazo tecnologías que permitan simular químicamente restricción calórica para retrasar el envejecimiento y sus consecuencias.
Unido a dietas hipocalóricas, la mejor manera de neutralizar la acción de los radicales libres mediados por estrés oxidativo en los mayores, es la restricción de nutrientes con fuerte poder oxidativo (grasas y hierro) e ingesta de una dieta rica en antioxidantes, que son muy abundantes en la naturaleza, o, en su caso, incluir suplementos de antioxidantes. Son conocidos desde hace tiempo los efectos antioxidantes del ácido ascór-bico y de otras vitaminas presentes en alimentos vegetales. Recientes revisiones aumentan la lista de ali-mentos muy utilizados por algunas poblaciones y que tienen potentes antioxidantes naturales, como el té verde y el ajo.
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Respecto al té verde, hay evidencias, tanto sobre animales de experimentación como sobre humanos, de que su consumo frecuente protege contra el desarrollo de tumores y enfermedades cardiovasculares: más de 10 tazas diarias de té verde prolonga la vida, evitando muertes prematuras de cáncer, Respecto al con-sumo continuado de ajo, se afirma que puede prevenir o disminuir la incidencia de las principales enferme-dades crónicas ligadas a la edad (arteriosclerosis, infarto, cáncer, desordenes inmunes, envejecimiento ce-rebral y formación de procesos artríticos y cataratas); experimentación animal ha demostrado que reduce además la hipercolesterolemia inducida, y estudios epidemiológicos en humanos sugieren una disminución de la agregación plaquetaria y de la incidencia de cáncer debido al potente antioxidante que posee (Alina). El ajo podría incluso tener efectos beneficiosos sobre el cerebro y su capacidad cognitiva, ya que a pesar de ser un sustrato importante de oxidación y poseer un gran número de membranas celulares ricas en ácidos grasos poliinsaturados (muy susceptibles a la peroxidación lipídica) es, en cambio, pobre en sus-tancias antioxidantes.
Otros alimentos con grandes "poderes" para la salud serían cúrcuma y curry, jengibre, verduras crucíferas (coles), cebolla, puerro, cebo-lleta, zanahorias, ñame, calabacín, calabaza, tomate, caqui, albari-coques, remolacha, setas, hierbas y especias (romero, tomillo, oré-gano, albahaca, hierbabuena, perejil, apio, etc.), algas, ácidos grasos omega 3, aceite de hígado de bacalao y otros alimentos ricos en vi-tamina D, probióticos, frutas rojas, cítricos, zumo de granada, vino tinto y chocolate negro (Servan-Schreider, 2009).
Es importante el consumo de manera habitual de estos nutrientes, si la persona no tiene intolerancia (por ejemplo intolerancia a las aminas del chocolate que producen migrañas), y serían más beneficiosos aún si su origen es "ecológico".
Por otro lado, la mayor longevidad de la mujer se atribuye con frecuencia al efecto cardio-protector de los estrógenos ováricos. Los estrógenos estimulan la síntesis de telomerasa lo que reduce la velocidad de atri-ción del telómero. Se ha sugerido que ello podría formar parte del sistema cardio-protector, al permitir con-servar más tiempo los telómeros en el sistema vascular de las mujeres, al tiempo que permitiría comprender por qué después de la menopausia las mujeres mantienen ventaja en longevidad, cuando pierden los estró-genos ováricos y aumentan sus niveles de hierro.
Itziar González de Arriba

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