domingo, 5 de marzo de 2017

Hacia una nutrición personalizada

Resultado de imagen de genoma y nutrición
Las enfermedades relacionadas con la nutrición y el actual estilo de vida, son hoy en día la mayor causa de muerte en las sociedades desarrolladas. Enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, osteoporosis, algunos tipos de cáncer, alteraciones en el metabolismo de los lípidos, enfermedades degenerativas, etc., están de algún modo relacionadas con la alimentación y con nuestra forma de vivir. Gran parte de la población tiene hábitos incorrectos ya asentados desde la infancia, los cuales son difíciles de modificar y son precisamente esos hábitos repetidos a diario, los que llevarán a largo plazo a la aparición de algunas de las enfermedades señaladas, las cuales siguen incrementándose cada día.
Qué comemos, cómo comemos, cuánto y cómo nos movemos y hasta qué comieron y cómo se movieron nuestros antepasados, va a influenciar en las respuestas que el organismo da frente a diferentes situaciones. La forma en que se expresan muchos de nuestros genes va a depender del estilo de vida que llevamos, incluso influirá el estilo de vida que llevaron nuestros ancestros y es por ello que muchos de los procesos metabólicos que se producen en el organismo tienen una mayor o una menor eficacia metabólica. ¿Por qué ante el seguimiento de una dieta unos responden mejor que otros? ¿Por qué ante la realización de un programa deportivo, unos responden mejor que otros incluso con mucho menos esfuerzo? Quizá la respuesta está en los genes, en la manera en que estos se expresan ante diferentes situaciones y es por ello por lo que no todo vale para todos; éste es el principio de la variabilidad individual, del que tanto hago referencia en artículos anteriores.
Uno nace con una genética determinada, ésta no puede cambiar; pero el modo en que se expresan muchos de nuestros genes va a depender del ambiente en que nos desarrollamos. Así por ejemplo, no es lo mismo comer despacio, feliz y en buena compañía, que hacerlo enfadado, de forma violenta y sin apenas masticar. A pesar de que los nutrientes ingeridos son los mismos, la cantidad absorbida será muy inferior en el segundo caso; los mecanismos hormonales se alterarán dificultando el proceso digestivo, haciéndolo poco eficiente y posiblemente a medio plazo, de seguir así, surja una patología seria de índole metabólico y/o digestivo. El estrés es determinante, influye muchísimo en la expresión de gran cantidad de genes, afectando tanto a procesos hormonales, como a procesos metabólicos y bioquímicos, casi siempre con consecuencias negativas.  De este modo, el llamado “mal del siglo”, provoca hipertensión arterial, alteraciones metabólicas debido al exceso de secreción de catecolaminas, desarreglos emocionales  y un aumento de la frecuencia cardiaca, que tiene como resultado un incremento de los niveles de glucosa y grasas en sangre. A la hora de comer hay que masticar y ensalivar, hacerlo sin estrés, beber la comida y comer la bebida. Asegurar un buen proceso digestivo y una correcta absorción de nutrientes.
Determinados polimorfismos adquiridos a lo largo de la evolución, que unos presentan y otros no, afectan al modo en que unos responden mejor o peor ante la misma forma de comer, por lo que sería útil conocer esas variantes genéticas a la hora de personalizar las dietas e incluso a la hora de individualizar las necesidades nutricionales.
Estos polimorfismos, es decir, estas pequeñas modificaciones en nuestros genes, pueden influir en la capacidad de metabolizar tanto alimentos como ciertos nutrientes, así como en la capacidad de inactivar y eliminar sustancias extrañas para el organismo. No todos absorbemos, metabolizamos y eliminamos los nutrientes de la misma manera.
Así por ejemplo, planificar un menú con la intención de reducir el nivel de triglicéridos, el de colesterol o el porcentaje de grasa corporal, dará diferentes resultados en diferentes individuos. No todos responden igual. Los hay normo-respondedores, que consiguen resultados aceptables; los hay hiper-respondedores, que consiguen resultados fantásticos y los hay hipo-respondedores, que consiguen resultados negativos, incluso puede que incrementen los marcadores evaluados. La respuesta, como he señalado, está en las diferentes variantes genéticas que poseen y que hoy día desconocemos al 100%. De conocerlas, seguro que los resultados en cada individuo serían más positivos. Por lo tanto, genotipos distintos responden de manera diferente a un mismo planteamiento nutricional y ante el desconocimiento de sus variantes genéticas, no queda otra que realizar recomendaciones generales que sirvan para la mayoría, con lo que seguramente un porcentaje de personas con genotipos hipo-respondedores no consigan los resultados deseados y se desmoralicen abandonando el planteamiento nutricional inicial. ¿Por qué hay personas que abusan de las grasas saturadas y de los azúcares y no presentan cifras altas de colesterol y de triglicéridos y sin embargo otros que comen de forma saludable presentan niveles elevados en este aspecto?
Dietas con mayor o menor proporción de hidratos de carbono; con mayor o menor proporción de grasas; con mayor o menor proporción de proteínas; dieta macrobiótica, disociada, mediterránea, vegetariana, cetogénica, hipocalórica, ovolactovegetariana; dieta de la zona; de la luna; del abecedario; de la piña; del milagro; de la sopa; del limón; de la orina; de la mochila; de la bella durmiente,….Cientos, miles de dietas y las que quedan por surgir y todavía muchos no atinan con la que les funciona. La mayoría de ellas totalmente absurdas. Así que queda por pensar, que la que siempre funciona (a pesar de no conocer con exactitud todas las variantes genéticas que cada uno tiene en su genoma y que están relacionadas con el metabolismo y la oxidación de las grasas), es volver a la dieta ancestral. ¿Qué es lo que comíamos hace 20.000 años? (un periodo muy pequeño del total de la existencia del ser humano). Malo no sería, hasta aquí hemos llegado. Soportábamos más incomodidades, hemos sido (todavía muchos por desgracia) hijos del hambre y hemos luchado lo que no está escrito. Hemos llevado una dieta omnívora durante más de 4.000.000 de años.
¿Qué comíamos y qué bebíamos? Supongo que no es difícil de imaginar. Tan sólo hace falta coger una tienda de campaña y pasar una temporada en plena naturaleza para descubrir las vicisitudes que ha vivido el ser humano desde que existe hasta hace más o menos 10.000 años. Ahí seríamos capaces de descubrir lo que nuestros genes han soportado durante millones de años. Así que para quienes las demás “dietas” no funcionan, pueden ir a un supermercado y llenar los carros de sus compras con aquéllos alimentos que ingeríamos en aquéllas épocas. Verduras, bayas, frutos secos, semillas, carnes, pescados, huevos, frutas,……y probar; a ser posible ecológica, evitando la gran carga tóxica que existe actualmente en buena parte de los alimentos que tomamos. Seguramente el resultado será positivo. Incluso podríamos llevar un estilo de vida más ancestral en otros aspectos, aunque sólo sea de vez en cuando. No es malo pasar un poco de frío de vez en cuando, ni es malo pasar hambre, de vez en cuando, ni moverse un poco más en acciones cotidianas (uso de las escaleras, pasar del mando de la tele, paseos largos, juegos diversos,…) de vez en cuando, porque lo que está muy claro, es que las comodidades acomodan nuestros genes y deberíamos despertar muchos de ellos, “de vez en cuando”.
Puesto que está claro que la evolución de nuestra alimentación no se corresponde con la de nuestra genética; en pocos años hemos introducido alimentos y sustancias a las que nuestro código genético no ha tenido tiempo de adaptarse y en unos se nota más y en otros menos. Todos los alimentos que ingerimos a diario contienen en su composición numerosas sustancias biológicamente activas que ejercen un efecto saludable en el organismo. En cambio otras sustancias que contienen, ejercen el efecto contrario. Muchos alimentos han sido procesados y refinados, lo que implica una pérdida en nutrientes durante el proceso de manipulación, tanto a nivel de vitaminas, como de minerales, como de enzimas, como de ácidos grasos y de aminoácidos esenciales. Es decir, el producto final carece del valor nutritivo del original. A ello hay que sumar que los alimentos procesados incorporan sustancias, como aditivos (colorantes, potenciadores de sabor, edulcorantes, antioxidantes,…), grasas de baja calidad y otras sustancias que en muchos podrían actuar desfavorablemente sobre su salud. Y cada uno tiene una capacidad para tolerar mayor o menor cantidad de carga tóxica. Esto es especialmente grave en los más jóvenes, que son más propensos a recurrir a comidas preparadas, refrescos azucarados o edulcorados y chucherías, con lo que los aditivos ingeridos son más altos y hay que tener en cuenta que son edades donde los genes actúan de otro modo, son cuerpos en crecimiento, más vulnerables y quizá no se estén repostando con la “gasolina” adecuada, lo que a la larga traerá consecuencias.
Y no quiero entrar en el tema del móvil, donde casi el 80% de la población en estas edades comienza a ser adicta a su uso. Ya no saben vivir sin él, gran parte son nomofóbicos, es decir, tienen fobia a estar sin él. Se levantan y lo primero que hacen es encenderlo, reciben cientos de mensajes a diario, algunos miles; se acuestan de la misma manera, leyendo y mandando otros cientos; están en un continuo estado de alerta, pierden horas esenciales de sueño. Y luego la adicción a las nuevas tecnologías y la verdad que no sabemos como la suma de esta forma de comer, con el abuso de los móviles, el de las nuevas tecnologías y el del sedentarismo, afectará a la creación de nuevos polimorfismos cuyas consecuencias desconocemos hoy en día.
Por lo menos hemos de ser conscientes de ello y no mirar hacia atrás. Puesto que estamos expuestos a un cóctel químico y electromagnético de tal magnitud que nadie sabe de las secuelas a largo plazo, pues son imprevisibles, aunque ya hay varias patologías que se asocian directamente a ello. ¿Cómo responderá la expresión de nuestros genes a tanta exposición química?
Una nueva disciplina científica, la Genómica Nutricional, trata de encontrar una solución a las diferentes respuestas que el ser humano presenta ante unos mismos estímulos nutricionales. La interacción entre nutrición y genes tiene un carácter bidireccional. Así, la Nutrigenética, a través del estudio de los mecanismos por los que los componentes de los alimentos interaccionan con el genoma y cómo las variaciones en estos genes afectan al riesgo o a la susceptibilidad de padecer una enfermedad y la Nutrigenómica, a través de estudio existente entre la interacción de genes y nutrientes, tratarán de dar respuesta a todas esas situaciones.
Cada día se descubren nuevos polimorfismos para patologías concretas. Los valores de riesgo para quien los posee, en muchas ocasiones son relativos. Así por ejemplo, respecto a la obesidad se han encontrado más de 100 marcadores genéticos que la predisponen y todavía quedan muchos por descubrir. Los tests genéticos analizan sólo unos cuantos, los más representativos. Entre ellos, el gen FTO, que codifica una proteína que regula en el hipotálamo la ingesta de comida, disminuyéndola, de forma que quien presenta una variación concreta en este gen, aumenta su necesidad de consumir alimentos. El gen PPARG, que se encarga de regular la sensibilidad de la insulina, de forma que una variación concreta en este gen, hace que se aumente la resistencia a la insulina y por lo tanto gran parte de los hidratos de carbono ingeridos se transforman en grasa, aumentando el tejido adiposo, además de condicionar al organismo hacia un estado lipogénico duradero, acumulando grasa con facilidad. Los genes ADRB2 y ADRB3, que codifican receptores beta2 y beta3 adrenérgicos, sobre todo a nivel del tejido graso, lo que permite una gran utilización de los ácidos grasos cuando se realiza actividad física. Unos polimorfismos concretos en estos genes, propician que las grasas no se quemen de modo eficaz durante la realización de actividades físicas. El gen NPY, polimorfismo 1128T-C (Leu7Pro), que codifica el neuropéptido Y, que es un neurotransmisor localizado en el hipotálamo. Un exceso de neuropéptido Y a nivel hipotalámico conlleva a hiperfagia, hiperinsulinemia, resistencia del tejido muscular a la insulina, disminución del gasto energético y por tanto, favorece la obesidad. La síntesis de este neuropéptido está estimulada por la insulina y los glucocorticoides, siendo inhibida por la leptina y los estrógenos. Una variante concreta en este gen, el alelo 7Pro, está relacionado con una obesidad asociada a niveles muy elevados de triglicéridos.
Y así hay otros muchos descubiertos, cuyo conocimiento ayudará a realizar recomendaciones más individualizadas, en este caso, respecto a la obesidad. Y hemos de saber que estas variantes genéticas proporcionan sólo una probabilidad a un determinado fenotipo, puesto que va a ser el ambiente, el que realmente determine esa potencialidad, ya que el ambiente (nutrición, ejercicio, estrés, consumo de fármacos, exposición a tóxicos ambientales, horas de sueño de calidad,….) es una gran fuerza a la hora de activar y/o desactivar genes. Es decir, un estilo de vida adecuado puede contrarrestar un genotipo con tendencia a la obesidad.
Los hay que nacen con buenas cartas; tienen suerte. En caso contrario es fundamental llevar un estilo de vida correcto. Esto pasa en todas las facetas, incluso en el deporte, donde el genio es innato, pero el talento se desarrolla, se trababa, se va forjando con el tiempo y muchos saben que hay que dedicar miles de horas para conseguir llegar y aún así una gran mayoría se queda en el camino.
Y parece ser que el futuro va en esa dirección. Descubrir todos esos marcadores genéticos que de un modo u otro afectan a la forma en la que nuestro cuerpo responde a los diferentes nutrientes y macronutrientes. Y una vez conocidos se podrán realizar “dietas personalizadas” con mayor garantía de éxito, afinando en cada caso particular, pasando de las recomendaciones generales a las recomendaciones individuales, en función de los polimorfismos particulares encontrados en cada sujeto. Personalizar la dieta según la constitución genética de cada individuo, es decir, en relación a su perfil nutrigenético. Y tras ello, con las recomendaciones oportunas, dejemos que el ambiente y nuestra relación con él, determine el resultado final.

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