lunes, 20 de febrero de 2017

Acaban de vincular por primera vez la diabetes con el consumo de bebidas light.


Resultado de imagen de diabetes tipo 2

Las bebidas edulcoradas se consumen en la creencia de que son menos nocivas para la salud. Ahora dicen que tomar 1,5 litro por semana duplica el riesgo de contraer una diabetes tipo II.


Investigadores franceses publicaron en la edición de febrero de la revista American Journal of Clinical Nutrition los resultados de un estudio epidemiológico que asocia, por primera vez, el consumo regular de bebidas light al riesgo –superior al doble– de contraer diabetes Tipo 2 –la llamada diabetes azucarada–.

El resultado es sumamente relevante ya que contradice lo que uno creería naturalmente: el riesgo es más grave para los grandes consumidores de bebidas con edulcorantes que para aquellos que toman bebidas con azúcar.

Los autores de la investigación trabajaron con un grupo de 66.118 mujeres, a las que siguieron de cerca durante catorce años. Sólo tuvieron en cuenta los casos de diabetes aparecidos durante el seguimiento –entre 1993 y 2007–.

Sus resultados asocian un consumo promedio de bebidas con edulcorante superior a 1,5 litro por semana –es decir, alrededor de cinco latitas– con un riesgo aumentado de un 130% de contraer diabetes Tipo 2, en contraste con las personas que no las consumen.

En este estudio, el riesgo de contraer diabetes tipo II aumenta un 50% para el caso de un nivel de consumo equivalente de bebidas con azúcar. En tanto que el consumo de frutas exprimidas –sea cual sea su nivel– no fue vinculado con ningún riesgo mayor de diabetes.

Los autores de este estudio se esforzaron por corregir los efectos de otros parámetros susceptibles de influir en la aparición de la diabetes azucarada: edad, tabaquismo, actividad física, régimen alimentario, etc.

A falta de un mecanismo consensuado capaz de explicar la conexión estadística, los investigadores no pretenden demostrar con estos resultados una relación de causalidad estricta entre el consumo de edulcorantes y el aumento de riesgo de diabetes.

El método del trabajo no hizo más que constatar una conexión estadística en una población grande. Un mecanismo posible es que el cerebro, engañado por el gusto azucarado de los edulcorantes, ponga en marcha la secreción de insulina, que hace bajar las tasas de glucemia, equivocadamente, porque no hubo aporte de azúcares. Esta baja artificial podría favorecer la toma posterior de azúcares para compensar. Sin embargo, esto es nada más que una hipótesis.

Es importante reseñar que el aspartame es un conocido neurotóxico, además de haber sido reiteradamente relacionado con múltiples patologías (Adjunto vínculo al respecto: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/?term=aspartame+toxicity).

La pregunta es: ¿cuanto más van a tardar los funcionarios responsables de la salud pública en reaccionar y tomar las medidas pertinentes?

Vínculo con el resumen del artículo original: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23364017.

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