sábado, 19 de noviembre de 2016

HIPERESTROGENIA: El problema que “mina” la calidad de vida de todas las mujeres

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Un problema de salud pública actual es que las niñas tienen un exceso de estrógenos o hiperestrogenia. Esto ha provocado que las niñas tengan su primera regla (menarquía) 5 años antes que hace 50 años, lo cual posibilita la aparición de enfermedades degenerativas a una edad más temprana. Entre los síntomas más característicos se encuentra:

  • Acné
  • Reglas irregulares y/o dolorosas.
  • Síndrome premenstrual (SPM).
  • Alteraciones en la cantidad de sangrado (normalmente excesivo).
  • Retención de líquidos, aumento de peso, falta de concentración.
  • Esterilidad.
  • Dolores en la zona sacra y en las rodillas.
  • Son frecuentes las cefaleas. Estos dolores normalmente aumentan o aparecen durante los días de sangrado, o previos a éste, o durante la ovulación.
  • Es también muy característica la sensación de dolor o pesadez de piernas asociada a estos trastornos, que es causada por un déficit de vitaminas B; se puede suplementar estas vitaminas o levadura de cerveza, que es muy rica en ellas.

El tratamiento es a priori sencillo. Es el hígado el que se encarga de eliminar el exceso de hormonas circulantes; así pues, un hígado “sano”, puede combatir la hiperestrogenia. Para conseguirlo hay que seguir una dieta levemente hipocalórica, consumir alimentos de índice glucémico bajo (es importante evitar dulces, harinas y lácteos de manera estricta); evitar vino tinto, cerdo y pollo porque contienen una gran cantidad de estrógenos; evitar alcohol y café; tomar diuréticos si existe edema: cola de caballo, té verde (1,5 l/día), ergydren; 2 cebollas pochadas/día, alcachofas, etc., como coadyudante hepático. Es fundamental la práctica regular de actividad física que regula la glucemia en sangre y mejora la expresión genética, frenando el desarrollo de nuevos receptores hormonales.
Si los síntomas son muy “graves” es interesante acompañar la dieta de suplementación: Agnus castus, ñame y aceite de onagra son los más adecuados: Bileína (2-2-2) y Ergy-yam, ambos después de la ovulación.Cuando los síntomas remitan, se puede continuar tomando Synerviol para prevenir la recidiva (también mejor después de la ovulación, porque la onagra puede causar en algunas personas molestias en la ovulación o incluso algo de sangrado). Es muy interesante el trébol rojo, que se puede alternar con milenrama. Tiene un efecto mucho más potente, sin embargo en todos los casos, la cimicifuga racemosa, pero está contraindicada en hepatopatías y riesgo de cáncer hormonodependiente.
Si con este tratamiento los síntomas no remiten, se debe conseguir identificar la fuente de “estrógenos” sintéticos que están “contaminando” a esa mujer: parabenos, bisfenol A, anticonceptivos hormonales, carnes hormonadas, tejido adiposo, exceso de fitoestrógenos como la soja, y otros aún en estudio.
La soja a dosis bajas (2-3 veces/semana) y consumida como legumbre resulta útil como alimento preventivo, sin embargo hay mucha intolerancia a esta legumbre, y a mucha gente le “sienta” mal. Una persona que ha tenido algún cáncer hormonodependiente tiene totalmente contraindicado el consumo de soja, ya que tiene cierta acción estrogénica (al igual que el vino tinto y el resto de legumbres), y en el cáncer conviene inhibir al máximo dicha acción:
Fuentes exógenas de estrógenos: El concepto de estrógeno ambiental incluye a un grupo de compuestos con estructura química diferente pero que comparten su capacidad para afectar al sistema endocrino al mimificar total o parcialmente la acción fisiológica de los estrógenos1. La ubicuidad de los EA es de tal modo que todos estamos expuestos diariamente a su actividad estrogénica, pues son muchos los alimentos o las aguas que están contaminados con compuestos residuales de estrógenos ambientales, tales como los pesticidas organoclorados, bifenilos policlorados (PCBs), y los bifenilos polibromados (PBBs). Los PCBs se han relacionado con el cáncer de hígado y de pulmón, así como con alteraciones de la función reproductiva (p.e.: impotencia). La presencia de niveles altos de PBB en sangre es un fuerte indicador de posible cáncer de mamas, de linfoma no–Hopkins o de cáncer del sistema gastrointestinal. Al igual que los pesticidas organoclorados y los PCB, los PBB sufren procesos de bioamplificación y biomagnificación a través de las cadenas tróficas (alimenticia).
Entre otras, estas sustancias parecen contribuir a la pubertad prematura, y por consiguiente, a una exposición mayor de estrógenos en la mujer2. La exposición a estrógenos por periodos largos de tiempo, durante la vida, está unida a un riesgo mayor de desarrollar cáncer dependiente de estrógeno3. La función hormonal masculina también es influida por estos tipos de compuestos.
Estudios recientes demuestran que diversos estrógenos sintéticos son cedidos en muchos casos por los materiales plásticos que conservan los alimentos como por ejemplo los contenedores donde guardamos los alimentos en el refrigerador y otras conservas, sándwiches envasados en plástico, etcétera… Se puede afirmar pues, que cada día podemos ingerir un gran número de estrógenos sintéticos de diferente estructura química.
Uno de los di–ruptores químico endocrinológico o estrógeno ambiental que más atención ha traído recientemente es el Bisfenol A, comúnmente abreviado como BPA. Este es un compuesto químico usado principalmente para hacer plásticos y lleva más de 50 años en el mercado. Su forma más común es el policarbonato de plástico, el cual es transparente y casi inastillable. Se utiliza para fabricar una gran variedad de productos incluyendo: biberones y botellas de agua, equipamiento deportivo, dispositivos médicos y dentales, compositos dentales y sellantes, anteojos orgánicos, CD y DVD, y varios electrodomésticos. Las resinas epoxi que contienen Bisfenol–A se usan como recubrimiento en casi todas las latas de comidas y bebidas. El BPA es un di–ruptor endocrinono porque actúa como un estrógeno débil. Múltiples investigaciones lo vinculan con cáncer de mamas, obesidad, diabetes y otras condiciones médicas graves.

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