miércoles, 7 de septiembre de 2016

Arsénico y arroz, ¿alarmismo o realidad?


Gran artículo de Lucía Redondo; el arsénico y el arroz. Las respuestas a tus dudas;

 Arsénico. Así, de entrada, suena mal, nada bueno puede haber detrás. Se habla cada vez más de la presencia elevada de arsénico en los alimentos y eso, asusta. ¿Pero debemos preocuparnos?, ¿tenemos que activar algún protocolo de alarma? o, por el contrario, ¿podemos continuar tranquilamente con lo que hemos hecho hasta el momento? Veamos.

Sobre él

Este metaloide, el arsénico, ¿de dónde sale?, ¿por qué llega hasta la comida?, ¿quién es el responsable?, ¿otra vez son la mano del hombre y la industrialización los responsables? Pues aunque resulte poco idílico, el arsénico es un mineral más, natural como la vida misma. Éste, se moviliza de la tierra como consecuencia de procesos naturales tales como la erupción de volcanes, los incendios forestales o la erosión de rocas y minerales. Pero también aparece en el medio ambiente por las emisiones industriales, la producción de energía a partir de combustibles fósiles y por su uso como conservante de madera así como herbicida o insecticida (AECOSAN, 2016). De hecho, según se describe en el libro Distribución del arsénico en las regiones Ibérica e Iberoamericana “puede decirse que la distribución de arsénico en la Península Ibérica va estrechamente ligada a la movilización de arsénico en zonas próximas a minas, ya sean abandonadas o activas”. Pues eso, seguramente, de una forma u otra, nos guste o no, que tengamos arsénico en nuestros alimentos, tendrá algo, o mucho que ver con la actividad del Homo sapiens sapiens (nosotros, el hombre moderno).
Pero hablemos de lo que nos (me) interesa: Arsénico y comida. Antes de entrar en más detalles, es importante conocer que el arsénico puede presentarse en dos formas químicas diferentes: arsénico orgánico e inorgánico. Y solo uno de los dos es considerado peligroso para la salud, el inorgánico. De hecho, éste ha sido clasificado como “cancerígeno para el ser humano” por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés). Los primeros síntomas de la exposición prolongada a altos niveles de arsénico inorgánico se observan generalmente en la piel e incluyen cambios de pigmentación, lesiones cutáneas y durezas y callosidades en las palmas de las manos y las plantas de los pies (hiperqueratosis). Estos efectos se producen tras una exposición mínima de aproximadamente cinco años y pueden ser precursores de cáncer de piel.Además también puede causar cáncer de vejiga y de pulmón, así como problemas relacionados con el desarrollo, neurotoxicidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Casi nada. De hecho, El arsénico es una de las 10 sustancias químicas que la OMS considera más preocupantes para la salud pública. ¡Pero que no cunda el pánico!
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