lunes, 24 de septiembre de 2012

EL MECANISMO INFLAMATORIO


EL MECANISMO INFLAMATORIO

 

Se conoce hace mucho el mecanismo inflamatorio de los llamados “eicosanoides”. Los ácidos grasos que consumimos en nuestra dieta van modificándose hasta formar eicosanoides con una función claramente proinflamatoria o antiinflamatoria, siendo la reacción proinflamatoria la más potente. Esta reacción puede actuar de muchas maneras pero quizá la más conocida por todos sea la liberación de histamina. El exceso de eicosanoides proinflamatorios puede hacer que esta reacción se multiplique. Esta reacción proinflamatoria está supeditada a la materia prima que se ingiere a través de los alimentos. Esto quiere decir que si se disminuye la ingesta de alimentos proinflamatorios, la inflamación será menor. La siguiente figura (fig. 8) nos muestra la ruta proinflamatoria de los omega-6 y la ruta antiinflamatoria de los omega-3:

 

Figura 8: Mecanismo pro y antiinflamatorio de los ácidos grasos poliinsaturados.


La cantidad de eicosanoides pro y anti inflamatorio que produce el cuerpo tiene que estar equilibrada; desafortunadamente hoy en día ese equilibrio, debido a una mala alimentación, está roto. Según un informe de la Fundación Española de la Nutrición, los niveles óptimos de Omega 6/Omega 3 se sitúan en un 4-5/1, mientras que en la actualidad en España el valor es de 16/1. La recomendación de este informe es disminuir el consumo de omega 6 y aumentar el de omega 3.
El consumo exagerado de grasa omega 6 da pie a que parte de  los omega 6 de 18 y 20 carbonos presentes en cantidades muy altas se transformen en ácido araquidónico, precursor de todos los eicosanoides proinflamatorios y que puede favorecer un amplio número de enfermedades, sobre todo inflamatorias.

Sin embargo hay que tener en cuenta que hay una ruta también antiinflamatoria desde el omega 6, ya que el ácido di-homo-gamma-linolénico se transforma en un 80% en PGE1 (figura 9), que es una prostaglandina antiinflamatoria con predilección por la piel y las gónadas (aparato reproductor femenino) a la hora de ejercer su acción antiinflamatoria.


 

 

 

La PGE 1:

·         Inhibe la lipólisis.

·         Moviliza el calcio óseo.

·         Baja la tensión arterial.

·         Regula las contracciones del útero.

·         Favorece la acción anti-agregante plaquetaria.

·         Reduce los trastornos de la coagulación generadores de trombosis.

·         Disminuye la inflamación, la alergia, la psoriasis, las dermatitis, el edema, seborreas ...

·         Estimula y refuerza el sistema inmunitario manteniendo el capital iónico y la concentración en micro-nutrientes responsables de la neutralidad de los humores. Esta neutralidad protege principalmente el linfocito B de sus potencialidades mórbidas que se expresan en medio ácido, medio en el cual se convierte en el destructor de sus propias células por falta de reconocimiento de sí mismo; esto es causante en parte de las enfermedades auto-inmunes.

·         Mantiene el equilibro ácido-básico.

 

Entonces, si las dos rutas tienen un componente antiinflamatorio ¿cuál es el problema? El problema es que es difícil que se consuma en la sociedad actual ácido linoleico puro: aceite de girasol crudo virgen extra por ejemplo. Si se consume aceite crudo de girasol y en el organismo hay suficiente Zinc, Magnesio, vitamina B6 y vitamina B8, actuará la enzima Delta 6 Saturasa y la ruta podrá llegar al PGE1 antiinflamatorio.

Hoy en día se consume todo cocinado a altas temperaturas y el aceite se satura, es decir pierde sus dobles enlaces y con ello, su capacidad antiinflamatoria, y se convierte en proinflamatorio; por otro lado es fácil tener carencia subclínica de Zinc (manchas blancas en las uñas). Esto implica que haya un déficit en el consumo de ácido linoleico y por el contrario un superávit de ácido araquidónico puramente proinflamatorio: grasas trans (margarina, bollería industrial, ácidos hidrogenados, chocolate, carne de rumiantes) y en general toda la grasa de procedencia animal excepto la grasa del pescado. Por eso, una mujer que consume grandes cantidades de margarina que es en teoría omega 6 pero en la práctica es ácido araquidónico (ácido linoleico saturado por la elaboración a altas temperaturas), sufre un profundo alivio en sus dolores menstruales al suplementar aceite de onagra o aceite de borraja (fuentes de ácido gamma-linolénico), por ejemplo.

Otro problema es que las dos rutas, tanto la del omega 6 como la del omega 3, necesitan la delta 6 y la delta 5 desaturasa, teniendo predilección la ruta de los omega 6, por ser más vital para la supervivencia. Por eso a grandes cantidades de omega 6 y omega 3 el efecto seguirá siendo omega 6. Con grandes cantidades de omega 3, la ruta omega 6 se inhibirá, lo cual no es aconsejable porque su función es fisiológica y vital.

Se recomienda por tanto en personas sanas, mantener un balance equilibrado entre los dos tipos de ácidos grasos, y en caso de suplementar largo plazo, se recomienda el suplemento de DHA, EPA y aceite de onagra y/o borraja (estos últimos en una dosis inferior a DHA y EPA, porque se da por sentado que el consumo en la dieta de DHA y EPA es netamente inferior).

Ingesta Diaria Recomendada (IDR)

Los ácidos grasos Omega 3, al tratarse de grasa que no puede ser producida por el cuerpo humano, necesitan ser ingeridos diariamente. La SINU (Societá Italiana per la Nutrizione Umana) clasificó desde 1996 los Omega 3 como nutrientes esenciales, estableciendo una IDR general de 1 gramo al día. Recomienda, además, cantidades variables para distintos grupos de población (entre medio gramo de los recién nacidos a un gramo y medio para los varones adultos). El departamento canadiense de salud recomienda una dieta con al menos 1.8 g de omega 3 al día. Tanto la FDA, la fundación británica de la nutrición y la OMS recomiendan aumentar la ingesta de este tipo de grasa. El Dr. Barry Sears, creador de la dieta de la Zona, recomienda una ingesta diaria de 2.5 gr/día para personas sanas y dosis más elevadas para afecciones crónicas inflamatorias.

Estudio Gissi de prevención

El estudio llevado a cabo en los años 1990 por GISSI (Grupo Italiano para la Supervivencia del Infarto de Miocardio) revela que la toma de un gramo diario de Omega 3 durante un periodo de 3.5 años mejora de forma significativa el pronóstico de pacientes que hayan sufrido un infarto. El beneficio consiste en una reducción del 15% entre muerte, repetición de infarto e ictus. El resultado se ha obtenido con pacientes tratados de forma alopática, intentando que el tratamiento fuera el más adecuado en cada caso.  Se estima que se pueden haber salvado 20 de cada 1000 pacientes tratados con omega 3. Por otro lado la toma de 300 mg de vit E al día no parece haber producido mejorías en los pacientes.

No todos los ácidos grasos omega 3 son iguales

La familia de los omega 3 tiene la peculiaridad de tener un doble enlace en el carbono 3 terminal. Dependiendo de su longitud y del número de insaturaciones tendrán distintos efectos en nuestro organismo. Los ácidos grasos omega 3 activos en el ser humano son el Eicosapentaenico (EPA) y el Docosahexaenoico (DHA).  El EPA ayuda a la buena conservación de los vasos sanguíneos (reduciendo su rigidez), corazón y cerebro. Tiene propiedades antiinflamatorias, anticoagulantes y además reduce las anginas y los eventos cardiovasculares no mortales en pacientes con hipercolesterolemia.
Un estudio llevado a cabo en 1988 ha demostrado que el EPA es capaz de disminuir la inflamación sistémica (en concreto la inflamación producida por un exceso de ácido araquidónico) en pacientes con psoriasis versus pacientes que tomaban la misma cantidad de aceite de oliva. El estudio reveló que tanto las placas de psoriasis como el picor del paciente en la zona afectada pueden disminuir de una forma importante con la suplementación. Por último hay estudios que sugieren que una alta concentración de EPA en los tejidos puede disminuir el riesgo de sufrir demencia senil.
 
El DHA es fundamental para un correcto funcionamiento del cerebro y de la retina; desde el punto de vista estructural es un ácido graso dominante en ambos órganos.
Debido a la gran cantidad de DHA necesario para la producción de células cerebrales hay una necesidad importante de este nutriente durante el embarazo y la lactancia de los bebés. Estudios recientes han demostrado que el DHA es necesario para la producción de la Neuroprotectina D1, una molécula destinada a proteger nuestro cerebro de productos dañinos y que por lo tanto está relacionada con su buen funcionamiento y salud. La Neuroprotectina D1 reduce la inflamación celular y además prolonga la vida de las células cerebrales, protegiendo frente a la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de comer un alimento natural o enriquecido con omega 3. El tipo de aceite que contenga debe ser de cadena larga o no se obtendrá el beneficio que se espera de él. El ácido Alfa Linolénico (ALA) es el más corto de los Omega 3 esenciales y, en teoría, puede ser convertido en los otros de cadena más larga por medio de la enzima Delta- 6-Desaturasa. Distintos estudios demuestran que la funcionalidad de esta enzima se reduce mucho con la edad del paciente, aún más cuando éste tenga algún tipo de carencia alimentaria.  Para que esta enzima funcione correctamente necesita una serie de vitaminas (del grupo B y C) y minerales (magnesio y zinc). Si hay una carencia de alguno de ellos o se tiene una edad de más de 40 años, la conversión de ALA a EPA y DHA se ve muy reducida. De hecho varios estudios han demostrado que en hombres entre un 15 y un 35% del ALA ingerido se transforma directamente en energía, y menos de un 1% se convierte en DHA. En mujeres  la tasa de conversión puede ser un poco más alta, hasta un 21% a EPA y un 9% a DHA. Es mejor por tanto consumir pescado o suplementar directamente DHA y EPA.

Según estas pautas seguir una dieta antiinflamatoria es fácil, evitando las fuentes de ácido araquidónico o los alimentos que potencien la actividad de la Delta 5 Desaturasa: azúcares, todo lo horneado, la grasa de procedencia animal terrestre, el alcohol y grasas vegetales hidrogenadas. Se potencia el efecto antiinflamatorio suplementando el citado omega 3 y aceite de onagra y/o borraja. Siguiendo esta dieta la mayor parte de la gente va a gozar de una salud óptima durante toda su vida, y muchas de las personas que sufrían aparentemente procesos autoinmunes, se librarán de ellos en un periodo breve de tiempo para no volver a sufrirlos. El problema en estos últimos es que su dieta era demasiado inflamatoria o demasiado tóxica.

Sin embargo hay mucha gente que sigue una dieta similar a la aquí propuesta y su salud dista mucho de ser una salud óptima; es más, muchas personas que siguen esta dieta viven acompañados a diario de una grave inflamación que en el cuerpo aparece como asma, dermatitis, artritis, etc.

Para poder explicar esto hemos de subir un nivel: son otras moléculas del cuerpo, generadas a partir de los linfocitos (nuestros glóbulos blancos o defensas), las que ordenan que se genere una inflamación o un mecanismo antiinflamatorio, y también pautan el grado de esta inflamación y su duración. Estas moléculas se llaman interleuquinas y para que estas interleuquinas ordenen la inflamación deben de haber encontrado un agresor al que atacar. Hasta aquí es la respuesta fisiológica. Pero en la autoinmunidad el agresor al que atacan es nuestra propia piel o nuestros pulmones, o nuestro intestino o nuestras articulaciones, etc. Y este error se comete por una orden superior que proviene de los genes. Puede que un gen se esté expresando mal (lo cual se puede corregir), o puede que un gen en una célula haya mutado, y dé una orden de inflamar ininterrumpidamente por ejemplo. O puede que la orden que dé sea inflamar los bronquios (asma) ante la presencia de lo que ese gen considere un agresor (alergia o intolerancia), que puede ser por ejemplo la lactosa...



[1] Fig. 9: Rutas proinflamatorias y antiinflamatorias de los AGPI. Es particularmente de interés el paso de ácido diomogammalinolénico a PGE1 (antiinflamatorio).

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