domingo, 19 de febrero de 2012

leche niños, osteoporosis




         La leche de vaca, en sí misma, es inapropiada para bebés menores de 1 año y si se les suministra a temprana edad, pueden desarrollar una alergia a los productos lácteos. Aunque la leche de vaca contiene la mayoría de los componentes de la leche materna, estos componentes no se encuentran en las mismas cantidades. La leche de vaca también carece de factores inmunitarios (anticuerpos), que ayudan a proteger a los niños hasta que su propio sistema inmunológico se desarrolle completamente.

         La leche de vaca no es recomendada por la American Academy of Pediatrics (Academia Estadounidense de Pediatría) para niños menores de 1 año. Los bebés alimentados con leche entera de vaca reciben cantidades inadecuadas de vitamina E, hierro y ácidos grasos esenciales. Estos bebés igualmente reciben demasiada proteína, sodio y potasio, cuyos niveles pueden ser demasiado altos para que el organismo del bebé los maneje. Además, las proteínas y las grasas de la leche entera de vaca son más difíciles de digerir y absorber por parte del bebé.

La leche de vaca nunca se introducirá antes del año, y cuando se incluya en la dieta, deberá ser entera, dado su aporte de vitaminas liposolubles (A, D, E), grasas y otros nutrientes de gran importancia funcional.

Fecha de publicación:

¿En que se diferencian la leche materna y la leche de vaca?

La leche de vaca es mucho más densa en nutrientes, salvo en hidratos de carbono, que la de mujer. Esta característica global hace que, en su forma natural, no sea apta para la alimentación en los primeros meses de vida.













Proteínas

 
         La diferencia entre la leche de vaca y la humana radica en que la leche de vaca contiene más proteínas; caseínas y beta-lactoglobulina. Esta última proteína es un potente alergeno (sustancia capaz de producir una reacción alérgica) para los bebés. Además, presenta una gran resistencia a la digestión ácida del estómago, de manera que es probable que atraviese el intestino sin ser digerida.
La leche materna contiene la mitad de proteínas, tiene menos caseínas, por lo que precipita en finos grumos en el estómago, siendo más fácil de digerir (no coagula). En cambio, la leche de vaca forma un coágulo grande que es difícilmente atacado por los jugos gástricos. Además, la leche de mujer contiene otras sustancias proteicas que favorecen la digestión y absorción de las grasas y que tienen acción bactericida.



         La leche de vaca es el alimento perfecto para las vacas, pero es uno de los más alergénicos para los bebés humanos (1). Por suerte, cada vez más vegetarianos escogen amamantar y no considerarían darle a su pequeño leche de vaca ni fórmulas hechas con leche de vaca (2). Esto es especialmente importante durante los primeros seis meses de vida porque los componentes inmunes de la leche materna son los más benéficos.

         Aunque la fórmula modificada para bebés hecha con leche de vaca puede sustituir la leche materna, la leche de vaca que no ha sido modificada (entera, 2%, o desnatada) no es recomendable durante el primer año. La leche de vaca es demasiado rica en proteína, fósforo, y sodio, especialmente para bebés de 0-12 meses de edad. Esto provoca que los pequeños e inmaduros riñones funcionen más rápido, agotando su capacidad para excretar el exceso de nutrientes (3). También, la proteína de la leche de vaca puede ocasionar una reacción en la mucosa del intestino, provocando sangrado en el estómago que puede resultar en una anemia por deficiencia de hierro (4). Aunque la leche materna es más baja en hierro que la leche de vaca, el hierro de la leche materna es más fácil de absorber (3).

         En años recientes, las investigaciones han mostrado que la proteína de la leche de vaca, aunque sea sin modificar en la fórmula de leche de vaca, incrementa los riesgos de diabetes en niños susceptibles (5). Los estudios pueden ser sólo una evidencia preliminar de la conexión entre la leche de vaca y la diabetes, pero es otra buena razón para evitar la leche de vaca y dar pecho a los bebés (6).





Referencias:

  1. Gruskay, FL "Comparaciones de Alimentar con Leche Materna, Vaca o Soja en la Prevención de Alergias". Clinical Jn, of Pediatrics 1986, 21:486.
  2. Krummel, DA, y PM Kris-Etherton. La Nutrición en la Salud de la Mujer, 1996, p. 241.
  3. Guthriem H. "Introducción a la Nutrición," 1989, p 497
  4. Hark, L. y G. Morrison. Nutrición Médica y Enfermedad, 1996, pp. 107-108
  5. Gerstein, HC "La exposición a la leche de vaca y la diabetes melitus tipo 1" Cuidado de Diabetes", 1993, 17:13-19

Signos y síntomas

Cuando los niños alérgicos a la leche beben o comen algo elaborado con leche o productos lácteos, pueden presentar cualquiera de los siguientes síntomas. (Por supuesto, estos síntomas también pueden ocurrir con muchas otras enfermedades; por lo tanto, la mejor opción consiste siempre en consultar a su médico y confirmar o descartar la alergia a la leche como una de las posibles causas.)

  • agitación o irritabilidad excesiva
  • dolor abdominal con calambres, vómitos o diarrea
  • manchas o rastros de sangre o mucosidad en las heces
  • erupción cutánea
  • recurrencia de respiración sibilante, tos, congestión o goteo nasal, resfriados o sinusitis
  • falta de desarrollo (el niño no logra aumentar de peso ni crecer bien)

















¿Qué síntomas produce? Puede producir varios tipos de síntomas. En la piel puede producir urticaria: esto consiste en la aparición de habas, o lesiones abultadas, color rojo, con picor, que aparecen y desaparecen. A veces se acompañan de edema, inflamación de los párpados, los labios, o las articulaciones.

En la piel también puede provocar aparición y agravamiento de la dermatitis atópica: placas rojizas, con descamación, más o menos grandes, con mucho picor, y muy duraderas.

En el aparato digestivo puede provocar dolores abdominales, tipo cólico, vómitos y diarrea. La diarrea puede ser muy brusca y muy aparatosa, con moco y sangre, pero otras veces es una diarrea más leve, sin ser líquida ni muy abundante, pero que puede durar semanas.

En el aparato respiratorio puede producir síntomas de asma: tos, "pitos" en el pecho y fatiga; síntomas en la nariz como estornudos, abundante mucosidad y obstrucción.

¿Qué es OSTEOPOROSIS?

En España, unos 2.000.000 de personas sufren descalcificación de los huesos, o sea osteoporosis. En el proceso de esta enfermedad se van perdiendo poco a poco minerales, más que nada calcio, de los huesos (por ejemplo en vértebras o en caderas). ¿Por qué causa sucede esto? O más importante aún: ¿Qué puede usted hacer para contrarrestarlo? Este informe le proporcionará más información.

Osteoporosis significa literalmente: Porosidad ósea. Hablamos de osteoporosis cuando la masa del hueso se ha reducido de manera tal, que fácilmente pueden surgir fracturas. Sobre todo vértebras, muñecas y caderas pueden romperse por pequeños accidentes o golpes.

¿Quiénes son susceptibles a la Osteoporosis?

Ya desde hace miles de años, la osteoporosis fue un fenómeno conocido tanto en mujeres como en hombres. Es una equivocación comprensible pensar, que la osteoporosis es una afección típicamente femenina. Es verdad que más del 70% de los pacientes de osteoporosis son mujeres. Sin embargo, también los hombres que no hacen ejercicio físico o casi nada, son susceptibles de sufrir osteoporosis.

No obstante, esto no implica que todas las personas hayan de padecer dicha enfermedad. Hay varios factores que aumentan el riesgo de su aparición:

  • la menopausia (temprana)
  • la herencia
  • la diabetes y las afecciones de la glándula tiroides
  • la absorción demasiado limitada de calcio
  • la alimentación carente de vitamina D
  • la falta de luz solar
  • la falta del ejercicio físico
  • el consumo excesivo de la cafeína (el café)
  • fumar
  • el consumo excesivo de sal en la alimentación
  • el consumo excesivo de alimentos ricos en fosfatos

¿Cómo surge la osteoporosis?

Contrariamente a lo que creen muchos, los huesos sí que están formados de tejido vivo. Esto lo prueba el hecho de que crecemos y de que después de una fractura, el hueso vuelve a unirse (bastante rápido). A medida que envejecemos, los huesos van perdiendo su solidez.

La proporción existente entre formación y descomposición ósea depende de la edad.

Antes de cumplir 20 años prevalecen los procesos de formación ósea: Crecemos y los huesos se estabilizan. Cerca de los 25 años, poco a poco, se va descomponiendo más tejido óseo del que se forma. Los huesos pierden masa y la altura corporal disminuye. Debido a varias causas, este proceso natural de descomposición puede desarrollarse demasiado rápido:

  • La alimentación no contiene suficientes nutrientes para crear un tejido sano óseo; y/o
  • el estímulo para la formación de huesos sólidos, es decir, el ejercicio físico, no existe en medida suficiente.

Para las mujeres hay que añadir una causa más:

  • Los estrógenos - cierto grupo de hormonas sexuales femeninas- procuran que los huesos de la mujer almacenen la mayor cantidad posible de calcio en el período de fertilidad. Después de la menopausia, ya casi no hay producción de estrógenos. Durante los dos primeros años de la menopausia los huesos pierden, por lo tanto, una cantidad bastante grande de calcio. Esto puede - también si otros factores de riesgo juegan un papel - llegar a causar osteoporosis, solo en caso de que, antes de esta fase de la vida, la masa ósea sea insuficiente y los huesos no lo bastante sólidos.

¿Cómo puede usted prevenir la osteoporosis y qué puede usted hacer si ya la padece?

La respuesta es muy sencilla: A través de una alimentación rica y bien equilibrada y de ejercicio.

La alimentación debe ser rica en componentes para la formación de los huesos y el ejercicio sirve como estímulo para aumentar la masa del hueso.

Ya se sabe, que únicamente el calcio no es suficiente para la formación ósea. Para ello, además, se necesitan muchos otros componentes. Desgraciadamente, estos no están siempre presentes en medida suficiente en nuestra alimentación cotidiana. Fuera el calcio, los huesos requieren por ejemplo magnesio, zinc, silicio, cobre, hierro, manganeso y boro. ¡Todos minerales! Además casi todas la vitaminas del grupo B, las vitaminas K y D y sobre todo la vitamina C, están implicadas y juegan un papel muy importante en la creación del tejido conjuntivo de los huesos.

Pero aún no es todo: Los aminoácidos (componentes de proteínas) también tienen su importancia. Forman el esqueleto del tejido conjuntivo óseo y sirven de estímulo para la producción de ciertas hormonas, que, en su turno, juegan un papel dentro del metabolismo de nuestros huesos.

En lo que respecta al ejercicio, el consejo de los expertos es hacer ejercicio físico durante por lo menos una hora al día. Parece mucho, pero ya subir una escalera, ir andando al supermercado o trabajar en el jardín son formas de ejercicio.

Si es necesario un fisioterapeuta o un entrenador físico, éste puede elaborarle un programa de entrenamiento adecuado. Lo que sí es imprescindible es ejercicio regular: ¡regular pero no demasiado intenso!

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