domingo, 19 de febrero de 2012

leche: intolerancia lactosa


INTOLERANCIA A LA LACTOSA

La lactosa es el principal azúcar de la leche de vaca, y necesita ser hidrolizada (disgregada en sus componentes: glucosa y galactosa) por una enzima para poder ser utilizada por el organismo. La intolerancia a la lactosa es la incapacidad de romper este azúcar y, por tanto, digerirlo, debida a la falta  de la enzima responsable de la ruptura (lactasa). La mayoría de nosotros tenemos esta enzima al nacer, pero va disminuyendo desde la infancia.

La lactosa no hidrolizada pasa entonces al intestino, donde es fermentada por las bacterias que en él se encuentran, produciendo dolor abdominal, flatulencia, cólicos, diarrea, etc. La intensidad de estos síntomas varía en función de la lactosa ingerida y de la actividad de la enzima que la rompe. Por lo tanto, a veces la intolerancia a la lactosa es perfectamente manifiesta y detectable porque causa síntomas graves y, en otras ocasiones, el bajo nivel de lactasa sólo causa molestias (gases, hinchazón, …)  raramente achacadas a esta causa, pero que se podrían evitar al abandonar el consumo de leche de vaca. Incluso, esta ligera intolerancia que pasa desapercibida, poco a poco podría ser la responsable de la pérdida de hierro que sufren algunos niños alimentados con leche de vaca. La irritación intestinal, producida por los productos resultantes de la fermentación intestinal de la lactosa, hace que los intestinos sangren cantidades inapreciables a simple vista, pero detectables en análisis clínicos.

Además la lactosa es un potenciador de la asimilación de metales pesados (cadmio, plomo y mercurio), altamente tóxicos para el organismo y que en nuestro contaminado planeta se encuentran, aunque en pequeñas cantidades, en la mayor parte de nuestros alimentos.También es de destacar que la alergenicidad de las proteínas de la leche de vaca aumenta por la reacción de la lactosa.

El problema de la lactosa se evita tomando productos fermentados como el yogur o el kefir, ya que en el proceso de fermentación de estos productos la lactosa es transformada en ácido láctico, beneficioso para nuestros intestinos.  

LAS HORMONAS DE LAS VACAS 

Hay gran variedad de hormonas en un vaso de leche: esteroideas, pancreáticas, pituitarias, adrenales, sexuales, etc. Se han relacionado con la ingesta de estas hormonas problemas como ciertos tipos de acné, alteraciones ginecológicas y hasta algunos cánceres linfáticos. Las hormonas más importantes tanto en la leche materna como en la leche de vaca son las hormonas de crecimiento. Estas son las que permiten que las crías de cada especie alcancen su tamaño correcto, siendo evidente que los humanos no tenemos las mismas necesidades a este respecto que los terneros y por lo tanto las hormonas de crecimiento que precisamos no son las de las vacas.

Además, estas hormonas también podrían ser las responsables del crecimiento de tejidos epiteliales en los cánceres. La hormona IGF-I parece ser la más importante. Numerosos estudios demuestran una relación entre la IGF-I y el desarrollo de diversos tumores (tiroides, huesos, riñones, mamas, etc), es más, el tamoxifeno  (medicamento utilizado en el tratamiento del cáncer de mama), debe su acción a la inhibición de la IGF-I. La probabilidad de contraer cáncer de mama entre las mujeres premenopáusicas aumenta 7 veces en aquellas que tienen niveles altos  de IGF-I en su sangre. También en los hombres con altos niveles de IGF-I en su sangre el riesgo de padecer cáncer de próstata se multiplica por 4, tal como demuestra un estudio publicado en la revista Science.

Esta hormona es producida en pequeñas cantidades por nuestro organismo, pero su concentración sanguínea puede sufrir considerables aumentos si se consumen lácteos.

Las hormonas de crecimiento serían destruidas por los fuertes jugos ácidos del estómago si estuvieran presentes en un filete de carne, pero en la leche, la naturaleza asegura que estas hormonas pasen intactas a la sangre haciendo el pH del estómago menos ácido, y además, con la homogeneización les facilitamos su paso a través de las paredes intestinales.

En EEUU la situación es aún peor ya que en 1994 la FDA (la agencia americana del medicamento) aprobó que la compañía Monsanto usara la Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH), hormona obtenida por ingeniería genética recombinando una hormona natural de la vaca con el material genético de una bacteria y que hace aumentar la producción láctea entre un 10 y un 25%. Según se publicó en The Ecologist en 1998 el uso de rBGH incrementa considerablemente los niveles de IGF-1 en la leche de las vacas. De hecho son tantos los peligros potenciales de esa hormona transgénica que su uso está prohibido actualmente en Canadá y la Unión Europea así como en otros países.

   AÚN MÁS…

A todo lo expuesto hasta ahora, podríamos añadir las numerosas sustancias tóxicas que pueden ser excretadas en la leche de vaca (y también en la leche materna!! un estudio en 14.000 mujeres demuestra la existencia de pesticidas en la leche materna, siendo sus niveles la mitad en madres vegetarianas respecto a las no vegetarianas).

Aparte de pesticidas, en la leche de vaca nos podemos encontrar antibióticos, productos químicos, virus, bacterias, etc. Lo peor es que la leche de vaca neutraliza las sales biliares responsables de la acidez del estómago y encargadas de transportar los tóxicos eliminados por el hígado. Por lo tanto, en la leche de vaca, los tóxicos verán sus posibilidades de salida disminuidas. 

Para finalizar este tema, os muestro un fragmento de un gran artículo que aparece en la revista Dsalud, en el cual al final aparece una lista de las principales enfermedades que se relacionan con el consumo de lácteos (muchas ya las he mencionado anteriormente) : 

Anemia ferropénica. El doctor Frank Oski -director del Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos)- asevera en su libro Don’t Drink Your Milk! (¡No bebas tu leche!) que en su país entre el 15 y el 20% de los niños menores de 2 años sufren anemia por deficiencia de hierro y que la mitad del resto de las anemias que se producen en Estados Unidos están relacionadas con el consumo de leche y sus derivados por los pequeños sangrados gastrointestinales que la leche puede provocar.

Artritis Reumatoidea y Osteoartritis. Está constatado que los complejos antígeno-anticuerpo generados por la leche se depositan a veces en las articulaciones provocando su inflamación y entumecimiento. Estudios realizados en la Universidad de Florida (Estados Unidos) confirman que los síntomas se agravan en pacientes con Artritis Reumatoidea que consumen leche. Por otro lado, en un artículo publicado en la revista Scandinavian Journal of Rheumatology se afirmaba que en personas afectadas de esa patología que dejaron de ingerir lácteos y tomaron sólo agua, té verde, frutas y zumos vegetales entre 7 y 10 días la inflamación y el dolor disminuyeron significativamente. Agregando que cuando alguno volvía a una dieta lacto-ovo-vegetariana los síntomas reaparecían. Por su parte, un grupo de investigadores israelíes demostró en 1985 -por primera vez- que la leche puede inducir también la artritis reumatoidea juvenil. La asociación de la leche con la artritis reumatoidea del adulto ya se había establecido anteriormente pero no se había hallado ninguna asociación con la juvenil hasta el hallazgo de esos científicos.

Asma. Se sabe que la leche puede estimular la producción excesiva de moco en las vías respiratorias y que la alergia a la leche es causa de asma. Además está completamente demostrado que los niños con exceso de moco y dificultades respiratorias a los que se les retira la leche de vaca mejoran de forma sorprendente.

Autismo. Investigadores italianos descubrieron que los síntomas neurológicos de los pacientes autistas empeoran cuando consumen leche y trigo. Se cree que los péptidos de la leche pudieran tener un efecto tóxico en el sistema nervioso central al interferir con los neurotransmisores. En sus investigaciones los doctores de la Universidad de Roma notaron una mejoría marcada en la conducta de esos enfermos tras dejar de ingerirla ocho semanas. En su sangre había altos niveles de anticuerpos contra la caseína, la lactoalbúmina y la betalactoglobulina.

Cáncer de estómago. Investigadores del Instituto Nacional de Salud Publica de Morelos (México) encontraron un aumento significativo del riesgo de contraer cáncer de estómago en pacientes que consumían productos lácteos. En los que además consumían carne el riesgo se triplicaba.
Cáncer de mama. La leche está considerada por muchos expertos causa directa de este “tipo” de cáncer. Si a ello añadimos la influencia que tiene la hormona insulínica las probabilidades de sufrirlo aumentan considerablemente en las grandes consumidoras de leche (Discovery DSALUD publicará el mes que viene un artículo sobre este importante asunto que tanto preocupa a las mujeres).


Cáncer de ovarios. La galactosa -uno de los azúcares de la leche- se ha relacionado también con el cáncer de ovarios. Algunos investigadores consideran que las mujeres que beben más de un vaso de leche entera al día tienen tres veces más probabilidades de contraer cáncer de ovarios que las que no lo ingieren.

Cáncer de páncreas. Investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) afirman que existe una relación “positiva y fuerte” entre el cáncer del páncreas y el consumo de leche, huevos y carne.

Cáncer de próstata. Un estudio presentado hace más de veinte años en una reunión de la American Association of Cancer Research en San Francisco y publicado en Oncology News ya revelaba, según el doctor Chan -epidemiólogo de la Universidad de Harvard-, que el consumo de mucha leche y sus derivados está asociado con un incremento del riesgo de cáncer de próstata en los hombres. Explicando que ello se puede deber a que el alto contenido de calcio de la leche hace disminuir la cantidad de vitamina D del cuerpo, encargada de proteger del cáncer de próstata a pesar de que la propia leche la contiene. Epidemiólogos italianos del Aviano Cancer Center calcularon ese aumento del riesgo y establecieron que es 1,2 veces mayor entre quienes beben de 1 a 2 vasos de leche diaria que entre los que no la consumen. Sin embargo, si se toman dos o más vasos de leche al día el nivel de riesgo de padecer ese cáncer aumenta a 5.

Otro estudio -realizado por el mismo equipo de investigadores de la Universidad de Harvard- descubrió que los hombres que consumen grandes cantidades de leche y/o lácteos tienen un 70% de riesgo de contraer cáncer de próstata. Opinión que comparte un grupo de científicos noruegos de la Universidad de Oslo quienes afirman que consumir leche es un riesgo para contraer cáncer de próstata. Añadiendo que, sorprendentemente, el consumo de leche desnatada está asociado con un mayor incremento que la leche entera.

Cáncer de pulmón. Investigadores holandeses concluyeron en 1989 que las personas que toman tres o más vasos de leche diaria tienen dos veces más probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón que los que no la toman. Y que, sin embargo -contra lo que afirman sus colegas noruegos- las personas que toman esa misma cantidad pero de leche desnatada parecen estar más protegidas. También se coligió en el Roswell Park Memorial Institute de Nueva York que entre las personas que beben tres o más vasos de leche entera al día aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón en un 200% (comparado con aquellos que nunca la toman). Además se ha documentado que existe relación directa entre la hormona somatotropina y el cáncer de pulmón, y entre éste y las dioxinas que contaminan la leche.

Cáncer de testículos. Investigadores británicos descubrieron que también hay relación entre el cáncer testicular y el consumo de leche. El riesgo encontrado fue 7,19 veces mayor que en la población general y aumenta en un 1,39 por cada cuarto de leche adicional que se consume.

Cataratas. Hay una creciente evidencia de la relación entre el consumo de leche y las cataratas. Según diversos estudios científicos las poblaciones humanas que consumen grandes cantidades de productos lácteos tienen mayor incidencia de cataratas que aquellos que los evitan. Este defecto se ha relacionado con la lactosa y la galactosa. Siendo la relación más evidente entre la mujeres que entre los hombres. El tipo más frecuentemente es la catarata cortical.

Colitis ulcerosa. También el consumo de leche se ha asociado a esta dolencia.

Colon irritable. Hay diversos estudios que vinculan igualmente la ingesta de leche con el desarrollo de esta patología.

Diabetes Mellitus Tipo I. Diferentes investigaciones demuestran que los lactantes alimentados con leche de vaca presentan un mayor riesgo de padecer diabetes insulinodependiente -conocida como diabetes tipo I- ya desde su niñez. Un estudio publicado en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra identifica la leche como “elemento responsable o factor desencadenante en algunas personas genéticamente sensibles” . Los médicos que realizaron la investigación descubrieron que los diabéticos analizados tenían unos niveles de anticuerpos más altos de lo normal que reaccionaban con una proteína de la leche llamada suero de albúmina bovina atacándola como invasora y destruyéndola. Pero resulta que -¡fatal coincidencia!- una sección de esa proteína es casi idéntica a una proteína de la superficie de las células productoras de insulina por lo cual, según afirman, las defensas de las personas sensibles a ella terminan atacando a sus propias células causando así su autodestrucción. Por lo que coligen que eliminar la leche y sus derivados de la dieta infantil podría disminuir drásticamente la incidencia de este tipo de diabetes.

Dolores abdominales sin intolerancia a la lactosa. Existe una estrecha correlación -no discutida- entre la indigestión que causa la lactosa, la intolerancia a la lactosa y la intolerancia a la leche.

Enfermedad de Crohn. El doctor John Hermon-Taylor -director del Departamento de Cirugía de la Escuela de Medicina del Hospital St. George (Gran Bretaña)- afirma tras estudiar la enfermedad de Crohn durante 20 años que la Paratuberculosis -una subespecie del Mycobacterium Avium- está indudablemente asociada a esa patología. Y que ese microorganismo se transmite fundamentalmente a través de la leche porque la pasteurización no la destruye. En un estudio realizado entre 1990 y 1994 sobre envases para leche se encontró con que el 7% estaba contaminado con la Paratuberculosis.

Enfermedades coronarias. Numerosos investigadores relacionan algunos componentes de la leche -el colesterol, las grasas, su alto contenido en calcio, la presencia de xantina oxidasa, etc.- con este tipo de dolencias. En el caso de la enzima bovina xantina oxidasa se sabe que sólo causa problemas cuando la leche es homogeneizada y que su daño se centra en los vasos sanguíneos. La posible explicación está en que esta enzima atravesaría intacta las paredes intestinales, se trasladaría a través de la sangre y destruiría el masmógeno, uno de los componentes de las membranas de las células que forman el tejido cardiaco. Uno de esos investigadores es el doctor Kurt Oster, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Park City en Bridgeport (Estados Unidos). Durante un periodo de casi cuatro años Oster estudió a 75 pacientes que sufrían angina de pecho y arteriosclerosis. Pues bien, se eliminó la leche de sus dietas y se les dio ácido fólico y vitamina C -ambas combaten la xantina oxidasa- y en todos los casos el dolor disminuyó. Es más, a ese respecto el doctor Kurt Esselbacher -miembro de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard- afirma sin tapujos: “La leche homogenizada, debido al contenido de xantina oxidasa, es una de las mayores causas de enfermedades coronarias en Estados Unidos”.
Hay también estudios realizados en Rusia según los cuales quienes beben tres o más vasos de leche al día tienen 1,7 más probabilidades de padecer enfermedades isquémicas cardíacas que quienes no la consumen. Igualmente se sabe que el consumo habitual de productos lácteos aumenta el colesterol malo (LDL) sin afectar al bueno (HDL) por lo que ya en sí mismos constituyen un factor de riesgo. Y debemos añadir que el consumo de proteínas lácteas parece tener relación directa con la mortalidad coronaria ya que se ha comprobado que los anticuerpos creados contra la caseína activan el sistema plaquetario estimulando la trombogénesis. Además se las relaciona con la inflamación de las paredes de las arterias favoreciendo así el proceso arteriosclerótico.


En cuanto al calcio de la leche cabe decir que parece existir relación entre el endurecimiento de las arterias y el excesivo contenido de este mineral en sangre.

Añadiremos que la leche desnatada se ha asociado con enfermedades coronarias no isquémicas en hombres mayores de 45 años y en mujeres mayores de 75. Se cree que las proteínas de la leche contribuyen a la formación de la homocisteina. Para muchos la conjunción de este tipo de leche, la lactosa, el calcio y la homocisteína podría ser responsable de la calcificación de las arterias.

Esclerosis múltiple. Científicos de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) están llevando a cabo en la actualidad extensos estudios acerca de los factores asociados con la esclerosis múltiple y si bien hasta ahora sólo han obtenido conclusiones parciales han podido establecer relación entre la esclerosis múltiple y un excesivo consumo de leche.

Estreñimiento. La leche es causa conocida de estreñimiento en niños y ancianos. Su eliminación de la dieta y un mayor consumo de vegetales y fibra suele resolver ese problema. Asimismo, tanto el estreñimiento crónico como las lesiones perianales se han asociado con una clara intolerancia a la leche de vaca.

Fatiga crónica. Según un estudio realizado con niños en Rochester (Nueva York) en 1991 beber leche aumenta 44,3 veces el riesgo de padecer esta enfermedad.

Fístulas y fisuras anales. Podría deberse al parecer a la alergia a una proteína de la leche de cabra.

Incontinencia urinaria. Muchos niños que mojan las sábanas ya crecidos dejan de hacerlo en cuanto eliminan de su dieta la leche, los productos que la contienen y los derivados lácteos.
Intolerancia a la lactosa. Para poder ser utilizada por nuestro organismo este azúcar de la leche debe ser previamente hidrolizado y eso se consigue gracias a una enzima llamada lactasa que va desapareciendo lentamente cuando comienzan a salirnos los dientes. Parece que en la raza blanca la lactasa permanece durante más tiempo que en la raza negra. Algo que podría deberse a la relación existente entre la melanina y la lactasa. Las personas que viven en lugares fríos tendrían por eso la piel más blanca a fin de aprovechar al máximo las radiaciones solares y sintetizar vitamina D para fijar el calcio.


Se ha observado también que en la mayoría de las personas que no producen lactasa o lo hacen a niveles muy bajos la lactosa no hidrolizada pasa al intestino donde es atacada por las bacterias y las consecuencias son fermentaciones, meteorismo, cólicos, diarreas, etc. Todo lo cual provoca la irritación de las paredes del intestino e incluso microheridas con pérdida de sangre. Y si esas pequeñas hemorragias se producen de forma continuada acaban provocando deficiencias de hierro.

Además la lactosa puede provocar otros trastornos no menos graves ya que es responsable de la asimilación de metales pesados como el cadmio, el mercurio y el hierro así como de otras sustancias tóxicas.

Linfomas. Un estudio realizado en la Universidad de Bergen (Noruega) durante año y medio con casi 16.000 pacientes observó que las personas que consumen dos vasos de leche al día presentan un riesgo 3,4 veces mayor de padecer linfomas que los que beben menos. El mecanismo por el cual eso se produce todavía no está claro a pesar de que se sabe que la leche de vaca puede transmitir el virus de la leucemia bovina. Este mismo estudio encontró una asociación, aunque débil, entre el consumo de leche y el cáncer de riñones y de los órganos reproductivos femeninos.

Otro mecanismo por el cual se pueden contraer linfomas es a través de leche contaminada con dioxinas. En un artículo publicado en el periódico norteamericano The Washington Post se afirmaba que las personas que consumen grandes cantidades de grasa -como carne y productos lácteos son 10 veces más propensas a contraer cáncer, especialmente de pulmón.

Migraña. Se ha comprobado experimentalmente que cuando se suprime la leche de la dieta de pacientes afectos de migraña se reducen significativamente sus síntomas.

Oídos, garganta y sinusitis. En 1994 la revista Natural Health publicaba una serie de hallazgos que relacionan a la leche con el aumento de las infecciones de los oídos y la garganta. Los estudios demostraron que las amígdalas y las adenoides reducían su tamaño cuando se limitaba el consumo de leche.

Reacciones alérgicas. La alergia a las proteínas de la leche de vaca se ha definido como “cualquier reacción adversa mediada por los mecanismos inmunológicos a una o más de las proteínas de la leche (caseína, alfa lacto-albúmina, betalactoglobulina)”. Actualmente muchos estudios médicos reconocen la relación entre la leche y las reacciones alérgicas estableciéndose su prevalencia entre un 2 y un 5% de la población mundial. La reacción alérgica puede ser inmediata -es decir, en menos de 45 minutos- o tardía -presentándose horas o días más tarde.

Sangrado gastrointestinal. El sangrado gastrointestinal secundario a la intolerancia a las proteínas de la leche de vaca en niños ha sido adecuadamente documentado. Tan serio es el sangrado que se le coloca como una de las causas más comunes de anemia en niños.
Síndrome de mala absorción. Investigadores de la Universidad de Helsinki (Finlandia) han comprobado la relación entre las proteínas de la leche y el daño a la mucosa intestinal. Este daño es el responsable del síndrome de mala absorción que se caracteriza por diarreas crónicas, vómitos y retardo del crecimiento.


Trastornos del sueño. Estudios realizados en la Universidad Free de Bruselas entre los años 1986 y 1988 confirmaron la relación entre el consumo de leche y los trastornos del sueño en los niños. Éste y otros estudios han hallado relación entre la alergia a la leche y los problemas para dormir. Todos los síntomas mejoraban cuando se excluía la leche de la dieta y empeoraban cuando era reintroducida. El tiempo promedio para notar la mejoría era de cinco semanas. La agitación que manifestaban esos niños también mejoró.

Úlceras pépticas. En el pasado se aconsejaba tomar leche a las personas que padecían problemas estomacales, en especial en caso de úlceras. En la actualidad esa práctica se desaconseja por considerarse peligrosa y porque se sabe que la leche y sus derivados agravan todos los síntomas. El alivio temporal que sentían esos pacientes se podía deber simplemente al hecho de que normalmente la leche se tomaba fría y era la temperatura del líquido lo que hacía mejorar la situación transitoriamente.

Otras reacciones provocadas por la leche. Además de las expuestas existen otras situaciones y dolencias que se relacionan con la ingesta de leche. Por ejemplo la acidosis láctica severa asociada a la alergia a la leche de vaca, el aumento del riesgo de preeclampsia en mujeres sensibles, la dificultad de aprendizaje en niños o algunos casos de infertilidad femenina. Por último es importante señalar que las madres que toman leche de vaca durante el período de la lactancia exponen a sus hijos a los riesgos asociados a este alimento.”

Respecto a la pregunta de intolerancia a la leche: Normalmente hace referencia a la intolerancia a la lactosa (carbohidrato de la leche). El intestino actúa como una "barrera semipermeable", si no puede hidrolizar la lactosa, no pueden absorberse los dos monosacáridos que la forman, glucosa y galactosa. No se absorbe correctamente el agua del colon (el agua permanece en el lumen del intestino para equilibrar las concentraciones), y como consecuencia se observan heces líquidas. Así mismo, la lactosa puede ser fermentada por la microbiota intestinal, provocando gases.
     La intolerancia a la lactosa varía mucho entre las poblaciones y etnias humanas. P.ej., entre los europeos del norte, no llega a afectar a más del 5% de la población. En el caso de los árabes la cifra es más elevada, en el caso de los tailandeses, puede ser hasta del 95% !!! En principio, la leche se debería consumir solamente los primeros años de nuestra vida. Sin embargo, como se ha comentado anteriormente, esta "programación" no ha pasado en todas las poblaciones humanas, en las que ha habido un proceso adaptativo a este tipo de alimento. La intolerancia a la lactosa, por tanto no se puede considerar ni intoxicación (aunque produzca diarrea) ni alergia (no interviene el sistema inmunitario). 
     Evidentemente, si hay personas que pueden tener alergia a otros componentes de la leche, como podría ser a las proteínas. En este caso, se detectaría un aumento de las IgE!
     Las personas intolerantes a la lactosa pueden como otros productos lácteos, tales como quesos y yogures. En los que por un proceso de fermentación por parte de ciertos microorganismos bacterianos, consumen los azúcares de la leche.
 
Respecto a la pregunta de si existen casos de alergias por consumo de productos transgénicos, si que se ha dado algún caso, pero:
1. los productos han sido retirados del mercado
2. los productos transgénicos no tienen más probabilidad de dar alergia a la población que cualquier otro que consideramos "naturales", como los cacahuetes!
 

Desde el neolítico hemos cambiado o seleccionado animales y plantas, según nuestro beneficio. El trigo o los tomates actuales son consecuencia de la selección continuada por parte de los agricultores. Que una planta o animal sea transgénica, simplemente es hacer lo que siempre se ha hecho de forma rápida y mucho más controlada con técnicas avanzadas de biología molecular. Un transgénico es aquel en el que sólo se le ha introducido una característica determinada (p.ej. alguna vitamina, proteína, resistencia a plagas, etc.), pero el resto del individuo es igual que otro que no sea transgénico. Seríamos incapaces a simple vista de distinguir entra la soja transgénica de la que no lo es.

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