domingo, 19 de febrero de 2012

Equilibrio ácido-base; ej: espondilitis


La importancia del equilibrio ácido-básico



La importancia del equilibrio ácido-básico está relacionado con la necesidad que tiene nuestro organismo de conseguir los llamados elementos micronutrientes, en cantidad suficiente y en forma asimilable. Estos micronutrientes son: los oligoelementos, los minerales, los aminoácidos esenciales y los ácidos grasos poliinsaturados. La carencia de algunos o todos estos micronutrientes está relacionada con gran número de enfermedades y dolencias.

En nuestro organismo la gestión de estos micronutrientes la realizan al rededor de 15.000 enzimas. Cada persona partimos con un capital genético de enzimas, un capital que es mayor o menor según seamos cada uno, y que con nuestro modo de vida y el medio ambiente que nos rodea va a ser modificado. Cada una de las carencias, excesos o ataques exteriores que padezcamos se reflejará en nuestro capital enzimático. Pero al ser tantas las enzimas y tantos los micronutrientes que las enzimas deben "gestionar", la gran diversidad de situaciones que pueda presentar cada persona: esa gran diversidad la agrupan los especialistas en unos llamados "terrenos". Estos son los principales "terrenos":
- el terreno de carencia de ácidos grasos poliinsaturados.
- el terreno hipoglicémico.
- el terreno neurodistónico (relacionado con el estrés, la fatiga, el agotamiento nervioso...).
- el terreno baso-colítico (relacionado con la flora intestinal).
- el terreno de intoxicación (metales pesados, contaminación, prótesis dentales...)
- el terreno degenerativo.
- el terreno ácido.


Aquí nos centraremos en las implicaciones del terreno ácido. Para empezar, el tema ácido-básico hace referencia al índice pH. Este índice mide la capacidad de una materia de liberar iones de hidrógeno. Así, si el pH neutro es 7, el 0 sería el ácido absoluto y 14 el alcalino absoluto. El pH óptimo de nuestra sangre se cifra en 7,4. Un pH ligeramente básico. El problema de nuestro pH es que el cuerpo humano sólo está saludable si el pH de los líquidos de los que nos componemos (sangre, linfa...) está entre 7,36 y 7,42.

Nuestros problemas habituales en este terreno están relacionados con excesos de acidificación, casi siempre (salvo en casos muy específicos). Ello suele ocurrir por alguna de estas razones:
- aporte excesivo de ácidos por nuestros alimentos.
- deficiencia en la neutralización de los ácidos por nuestras carencias en vitaminas y oligoelementos.
- fatiga.
- estrés.
- poca oxigenación de nuestros tejidos por una vida sedentaria.


El organismo hace frente a un golpe de acidificación por medio de unos sistemas tampón. Hay varios sistemas tampón, que funcionan con la siguiente regla: 1 ácido + 1 base = 1 sal neutra. Entre los sistemas tampón tienen gran importancia los minerales. Hay minerales ácidos: azufre, fósforo, cloro, flúor, yodo, sílice, etc. Y minerales alcalinos: calcio, sodio, potasio, magnesio, cobre, hierro, manganeso... Estos minerales alcalinos serán los que usará nuestro cuerpo para neutralizar su estado acidificado.

Hay que decir que los pulmones aseguran el 90% de la desacidificación del cuerpo, al arrojar exterior diversos ácidos transformados en ácido carbónico. De ahí la importancia del ejercicio físico también en este terreno: Vassey afirma que una muestra de orina tomada después de un largo paseo muestra un pH más alcalino que otra muestra tomada antes del ejercicio. Un segundo sistema de desacidificación es el renal, a través de la orina. Una tercera vía es la cutánea, más limitada, pero que explica el que ciertos problemas de acidosis pueden provocar una dermatosis.

Un problema de acidosis puede ser resultado de:
- una alimentación demasiado acidificante.
- o también de desarreglos en alguno(s) de los otros terrenos que hemos citado más arriba: estrés (relacionado con fatiga, enfermedad crónica, etc.); problemas de metabolización por falta de vitaminas u oligoelementos o a causa de falta de ejercicio; problemas digestivos relacionados con fermentaciones y putrefacciones; o por insuficiencia renal.


La acidosis de nuestros tejidos tiene una consecuencia importante para quienes padecemos de problemas óseos y articulares: nuestro organismo para intentar estabilizar su pH echa mano del fosfato cálcico de los huesos, ese calcio se disuelve y pasa a la circulación sanguínea y capta los iones de hidrógeno en exceso (del mismo modo que los agricultores de la costa cantábrica usaban la cal para matar la excesiva acidez de nuestras huertas). Si la acidosis es crónica, podemos asistir a un agotamiento de la reserva ósea y una fuerte desmineralización. Los problemas de descalcificación que padecen las mujeres a partir de la menopausia están relacionados con este sistema de funcionamiento. De ahí pasaremos a problemas de caries, dolores óseos o articulares, osteoporosis, debilitamiento de cabellos y uñas, etc.

Christopher Vasey en el libro ya citado publica esta lista, que también pude servir como pista para saber si acarreamos este problema:
- falta crónica de energía.
- fatiga y sensación de frío.
- dificultad en la recuperación.
- tendencia depresiva.
- encías inflamadas y sensibles.
- sensibilidad de los dientes al frío, al calor y al ácido.
- caries y desgaste de los dientes.
- cabellos débiles, caída del cabello.
- quemazones rectales o urinarias.
- piel seca o agrietada, eczemas secos.
- uñas frágiles, que se rompen, doblan, rayan o presentan manchas.
- calambres o espasmos musculares.
- afectaciones articulares.
- ciáticas.
- sensibilidad acrecentada al dolor.
- gran susceptibilidad a las infecciones.


Una acidosis de nuestro organismo empeora la hiper-permeabilidad de nuestro ya deteriorado intestino. Y a consecuencia de ello, nuestro organismo es más vulnerable tanto a microbios que nos produzcan infecciones como a péptidos y otros subproductos de microorganismos susceptibles de provocar reacciones autoinmunitarias, como las de quienes padecemos de espondilitis.

¿Cómo sabemos si sufrimos una acidosis importante? Una forma de medirla es controlando el pH de nuestra orina por la mañana -a partir de la segunda orina de la mañana, no de la primera- y las de antes de comer y cenar. Vasey propone una segunda forma de medir: ver si nuestros músculos duelen al ser presionados; ese test se hace sobre los trapecios, los escalenos, los cuádriceps y el psoas. Personalmente, creo que si se padece alguno de los transtornos citados más arriba, se puede trabajar sobre la hipótesis de una acidosis, y tratar de solucionarla mediante las tres acciones que se pueden realizar:
- afinar en nuestra dieta.
- mejorar nuestra oxigenación (ejercicio)
- suplementos de minerales de acidez débil (carbonatos o citratos de calcio, magnesio, potasio, etc.) extraídos de productos naturales y que tengan también vitaminas del grupo B, necesarios para esta tarea. En mi caso, creo que con el polen de abeja voy bien surtido.


En el caso de la dieta, es importante conocer el efecto que cada alimento pueda tener en este equilibrio ácido-basico, porque hay alimentos alcalinizantes, alimentos ácidos y alimentos acidificantes. Del mismo modo, cada persona se tiene que observar a sí mismo con atención porque cada persona tiene un capital propio de capacidad de metabolizar los ácidos: algunas personas asimilan con más facilidad los ácidos y otras con más dificultad.

Los alimentos sean acidificantes o alcalinizantes lo son para todas las personas; por contra, el capítulo de los alimentos ácidos engloba alimentos que aun conteniendo elementos ácidos sólo producirán efectos acidificantes a las personas con alguna deficiencia en su metabolismo respecto a los ácidos. En las personas con un metabolismo "en forma", esos alimentos ácidos cumplirán una función alcalina y reminelarizante.

1.- Los alimentos ACIDIFICANTES
Estos alimentos no lo son por el hecho de contener ácidos sino porque al ser consumidos producirán ácidos. Vasey da esta lista:
- las carnes, aves, charcuterías, extractos de carne, pescado.
- los huevos.
- los quesos (los fuertes más ácidos).
- productos lácteos ricos en suero: yogur, cuajada, queso blanco, kéfir, etc.
- los cuerpos grasos animales (riñones, hígado, mollejas, etc.).
- los aceites vegetales, sobre todo el de cacahuete y los aceites refinados.
- los cereales, tanto integrales como no: trigo, avena... y sobre todo el mijo.
- el pan, las pastas, los copos y alimentos a base de cereales.
- las leguminosas: cacahuete, soja, alubia, haba, etc.
- el azúcar refinado y blanco.
- los dulces: siropes, pastelería, chocolate, bombones, confituras, etc.
- los frutos oleaginosos: nueces, avellanas, etc (excepto las almendras).
- el café, el té, el cacao, el vino.
- las bebidas industriales azucaradas: limonadas y bebidas a base de cola.


Algunos comentarios sobre estos alimentos:
a) Carnes y pescados. Los ácidos contenidos en la leche y el queso lo son en pequeña medida. Por contra, cuando las proteínas provienen de los tejidos o carnes animales (carne, órganos, huevos, pescado), estas proteínas contienen ácido fosfórico, ácido sulfúrico y purinas. Los dos primeros son ácidos, y la purina en sí es alcalina, pero al ser eliminada produce ácidos muy tóxicos, entre ellos el ácido úrico. En consecuencia, el consumo de carnes animales produce siempre ácido. Es de destacar la diferencia que existe en este tema entre nosotros los humanos y los animales carnívoros. Estos poseen una enzima llamada uricasa, y por medio de ésta son capaces de neutralizar el ácido úrico en un 98%. Los humanos no poseemos esa enzima, y para nosotros la eliminación del ácido úrico es más problemática.


Las purinas no se encuentran sólo en las carnes, también las contienen las legumbres (100 gramos de soja contienen tanta purina como 200 gramos de carne de cerdo), el café, el té negro, y el cacao. Por eso están incluídos en la lista de los alimentos acidificantes.

b) Los cuerpos grasos. Nuestro organismo asimila con dificultad los ácidos grasos saturados, tanto animales (manteca, sebo, carnes o pescados grasos) como vegetales (margarina, mantequilla, mantequillas vegetales hidrogenadas, aceites refinados). El aceite de cacahuete es el más acidificante. Por contra, los aceites vírgenes de primera presión en frío son ricos en ácidos grasos insaturados y por lo tanto no son acidificantes.

c) Los cereales. Su ingesta produce siempre una cierta cantidad de ácidos y por lo tanto son acidificantes tanto si son refinados como si son integrales.

2.- Los alimentos ÁCIDOS
Tienen un efecto acidificante o alcalinizante, según sea el metabolismo de la persona que los ingiera. He aquí la lista de alimentos ácidos:
- el suero de leche al cabo de unas horas (yogur, cuajada, kéfir, queso blanco poco escurrido).
- los frutos no maduros (cuanto menos maduros, más ácidos).
- los frutos ácidos: pequeños frutos (grosellas, frambuesas...), cítricos (limones, pomelos, naranjas...), algunas variedades de manzanas, las cerezas, las ciruelas, los albaricoques...
- un exceso de frutos dulces.
- vegetales ácidos: tomate, ruibarbo, acedera, berro...
- los jugos de frutos, jugos de cítricos.
- la miel
- el vinagre.


(Como comentario personal, una palabra sobre la miel: los apiterapeutas son de la opinión de que la miel aun siendo ácida tiene un efecto alcalinizante. Es por ello que la recomiendan como antiácido, ya que -en su opinión- si bien en un primer momento tiene un cierto efecto acidificante, al llegar al estómago provoca la reacción alcalinizante de éste).

Cuatro factores influyen en la capacidad del organismo de metabolizar los ácidos:
a- las cantidades consumidas (evidentemente).
b- la frecuencia de su consumo (evidentemente, también).
c- la hora de su consumo. Algunas personas necesitan varias horas al principio de la jornada para que su motor orgánico se ponga en marcha. Por tanto, toleran y metabolizan mejor los ácidos a partir del mediodía ya hasta la noche (antes de la fatiga). Es por ello que Vasey aconseja a las personas con dificultad de metabolizar los ácidos, que no consuman frutos a la mañana, que los dejen para el mediodía y más tarde. Un consejo que parece muy sensato, aunque nos rompa los ritos y hábitos a muchos.
d- el equilibro entre los alimentos ácidos y los alcalinos (evidente).


3.- Los alimentos ALCALINIZANTES
Los alimentos alcalinizantes lo son para todos. Es por ello que las personas con un cuadro de acidificación las deben consumir con cierta preferencia. He aquí la lista:
- las patatas.
- las verduras verdes, tanto crudas como cocidas: lechugas, judías verdes, acelgas, coles, etc.
- las verduras coloradas: zanahoria, remolacha, etc. (salvo el tomate).
- la leche, leche en polvo, la nata.
- el suero fresco.
- el suero en polvo fabricado a partir de ese suero.
- el plátano (la única fruta alcalinizante).
- la almendra y la nuez del Brasil.
- la castaña.
- los frutos secos consumidos con moderación (salvo el albaricoque).
- el agua mineral alcalina.
- la bebida hecha de puré de almendra (leche de almendra).


Para terminar. Los consejos para reequilibrar nuestro equilibrio ácido-básico ya se han citado más arriba: afinar en la dieta, ejercicio físico, beber mucha agua para mejorar al eliminación y en su caso tomar algún suplemento alcalinizante o mineralizante.

Un par de consideraciones finales para los espondilíticos en dieta sin almidón:
1.- Que nuestra dieta es alcalinizante y por tanto conveniente en este aspecto.
2.- Que en caso de necesitar afinar nuestra dieta, nuestro margen de trabajo es más estrecho, si es que hemos constatado que el almidón que contienen la castaña y la patata (dos alcalinizantes frecuentemente aconsejados) nos afectan en nuestra artritis.
3.- Los suplementos mineralizantes y alcalinizantes debemos de mirarlos mucho también desde ese punto de vista. Existen suplementos muy interesantes pero que contienen -por ejemplo- maltodextrina, que es un almidón modificado. Un alcalinizante y remineralizante muy conocido es el extracto de brotes verdes de cebada o de trigo; funciona bien.

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