domingo, 19 de febrero de 2012

Alimentos transgénicos

¿Qué es un alimento transgénico?

Hace más de doce mil años, en diez puntos

distintos de nuestro planeta nuestros antepasados

comenzaron a domesticar algunas

plantas generando lo que hoy en día conocemos

como cultivos agrícolas. Más tarde se

inició la cría en cautividad de algunos animales

salvajes y también el aprovechamiento de

los zumos de algunos frutos y los fluidos biológicos

de algunos animales para generar los

primeros alimentos y bebidas fermentadas.

Al finalizar el siglo XX, al global de estas técnicas

le damos el nombre de agroalimentación.

Esta tecnología ha sido en gran medida

la responsable de la vasta diseminación de la

especie
Homo sapiens, pero también ha sido

la responsable de las mayores agresiones a

nuestro planeta justificables sólo por la ansiedad

de la especie humana de perpetuarse y

colonizar todos los nichos ecológicos que le

rodean.

Desgraciadamente, esta realidad actual de

una agroalimentación abundante y variada

es cambiante en el espacio. Los más de seis

mil millones de seres humanos que poblamos

este planeta no disponemos de la misma oferta

alimentaria y, mientras algunos escogen

los componentes de su dieta para mantener la

línea o fortalecer su musculatura, otros suplican

por un poco de comida. En esta situación

vergonzante, los ciudadanos de la Unión Europea

(UE) hemos tenido la suerte de estar en

el mejor de todos los escenarios posibles. Todos

nuestros países disponen de una oferta

alimentaria adecuada y, al menos en teoría,

suficiente para que ningún ciudadano europeo

pase hambre. Además, la crisis de las vacas

locas en el año 1998 fue un punto de inflexión

en la preocupación europea por el

manido binomio “alimentación y salud”. La

consecuencia de ello ha sido la pujanza en la

UE durante el último decenio de la llamada

alimentación funcional, que consiste en generar

alimentos ricos en algún componente

que aporta propiedades positivas e importantes

para la salud, de forma que su efecto be-

61

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

DANIEL RAMÓN

Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Bromatología, Toxicología y Medicina Legal, Facultad de

Farmacia, Universitat de Valencia. Burjassot (Valencia).

Departamento de Biotecnología, Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (CSIC). Burjassot

(Valencia) (España).

El autor es doctor en Ciencias Biológicas y Catedrático de Tecnología

de los Alimentos en la Universitat de València. Es

miembro de la Comisión Nacional de Bioseguridad y de la Comisión

Nacional de Biovigilancia. A lo largo de su trayectoria

profesional ha participado como experto en decenas de proyectos

nacionales e internacionales en el área de la biotecnología

de alimentos.

neficioso se manifiesta con las cantidades

que de dicho alimento se consumen habitualmente

en la dieta. Si analizamos las cifras de

ventas de los últimos tres años, este subsector

de la alimentación funcional ha crecido a

un ritmo mucho más elevado que el resto de

subsectores de la agroalimentación europea.

Son, por tanto, alimentos bien considerados

por el consumidor, aunque con mayor frecuencia

de lo deseable las promesas que su

publicidad contiene andan faltas de rigor y

base científica.

Frente a la exitosa realidad de la alimentación

funcional, en los albores del siglo XXI

la tecnología de los alimentos nos ofrece otro

tipo de nuevos alimentos denominados alimentos

transgénicos. Son alimentos en cuyo

diseño se han aplicado técnicas de ingeniería

genética. A diferencia de los alimentos funcionales

no gozan de buena prensa, al menos

en la UE, donde el ciudadano los identifica

con compañías multinacionales de la alimentación

que pretenden monopolizar y unificar

la oferta alimentaria, además de ver en ellos

la aplicación de unas tecnologías novedosas

y poco evaluadas en lo relativo a su impacto

sanitario y ambiental. La realidad es bien distinta.

Desde el punto de vista conceptual no

nos enfrentamos a algo nuevo, ya que aplicar

genética en la mejora de las propiedades de

los alimentos es algo que el mejorador de animales

de granja o vegetales comestibles viene

haciendo desde el comienzo de la agricultura.

Son muchos los cultivos vegetales que

han sufrido modificaciones genéticas mediadas

empíricamente por el hombre, generando

como resultado nuevos cultivos con distintas

propiedades nutricionales. Para llevar a cabo

dichas mejoras se han utilizado dos técnicas

genéticas: la mutación o variabilidad natural

y el cruce sexual o hibridación. En el caso de

la mutación, nuestros antepasados seleccionaron

mutantes espontáneos con mejores

propiedades nutricionales. Por ejemplo, hace

miles de años se escogieron mutantes espontáneos

de cereales que contenían menos almidón,

probablemente porque con ellos se

hacían tortitas con mejor consistencia. De la

misma forma, con el cruce sexual consiguieron

eliminar características indeseadas de los

parentales y mantener o exacerbar las deseadas

en la descendencia.

Ahora bien, con ambas técnicas se dieron

y se dan dos restricciones. La primera hace

referencia a la falta de direccionalidad en la

mejora genética introducida. Es imposible

mutar selectivamente un único gen de un genoma,

de la misma forma que en un cruce sexual

no es factible conseguir agrupar en un

descendiente sólo los genes deseados de un

parental y del otro. La segunda se refiere a la

imposibilidad de saltar la barrera de especie.

Resulta imposible mutar una cebolla hasta

conseguir que tenga el mismo contenido en

vitamina C que una naranja, como resulta imposible

llevar a cabo un cruce sexual entre

ambos vegetales. Con la ingeniería genética

y, por tanto, con los alimentos transgénicos

es posible evitar estas limitaciones. Recordemos

que en esta técnica se toma un único gen

del genoma de un organismo donador, se

amplifica y/o se modifica en el laboratorio y

posteriormente se reintroduce en el organismo

original o en uno distinto generando un

62

NUTRIGENÉTICA Y NUTRIGENÓMICA

organismo transgénico también llamado organismo

modificado genéticamente (OMG).

Da igual el organismo del que provenga el

gen y el organismo en que se vaya a expresar.

El material hereditario de cualquier ser

vivo es el ácido desoxirribonucleico (ADN),

de forma que un gen proveniente de un genoma

vegetal puede funcionar en el genoma de

otro vegetal o incluso en el de otro animal,

siempre y cuando se utilicen señales de expresión

adecuadas. Por tanto, la gran diferencia

entre esta técnica y las anteriormente

descritas radica en dos aspectos: cuando se

emplean técnicas de ingeniería genética se

manejan fragmentos de ADN que contienen

genes aislados, perfectamente identificados,

en los que es posible introducir mutaciones

en puntos concretos o dirigir su localización a

zonas específicas de los cromosomas. Por el

contrario, como antes se indicó, en los procesos

de mutación e hibridación se manejan

miles de genes que mutan o se cruzan de forma

incontrolada, sin que se pueda orientar su

localización en los cromosomas
1.

Ahora bien, aun admitiendo que aplicar

genética en el diseño de alimentos no es nada

nuevo y que casi todo lo que hoy comemos

ha sufrido modificaciones genéticas mediadas

por técnicas clásicas, hay que recordar

que existen diferencias entre los alimentos

transgénicos y sus convencionales correspondientes.

Desde la tecnología de los alimentos,

la más importante es la relativa al

posible salto de la barrera de especie. Por

ejemplo, hasta ahora no había sido posible

construir nuevos vegetales con genes provenientes

de genomas bacterianos. Ahora ya

existen algodones, colzas o maíces transgénicos

que portan el gen de una bacteria y resisten

el ataque de insectos. Este hecho, cuando

afecta a los genes llamados de reserva ética,

puede tener repercusiones en ciertos sectores

de consumidores. Un ejemplo de ello sería la

expresión de genes provenientes del genoma

de un animal en un genoma vegetal y el posible

consumo por parte de vegetarianos estrictos

de este alimento transgénico. Otro sería

la expresión en cualquier otro organismo

usado como alimento de genes provenientes

de genomas de animales que presentan limitaciones

de ingesta para alguna religión o

grupo étnico. Éste sería el caso para la comunidad

musulmana si se trabajara con un gen

proveniente del genoma del cerdo. Aun teniendo

presentes estas situaciones, la potencialidad

de las técnicas de ingeniería genética

en la mejora de la composición nutricional de

los alimentos y la consiguiente generación de

alimentos transgénicos funcionales es una

oportunidad de futuro irrenunciable para mejorar

la salud de muchos consumidores
2, 3.

Alimentos transgénicos comercializados

en el mundo

El primer alimento transgénico se comercializó

en Estados Unidos en el año 1994. Era

un tomate transgénico con una copia invertida

suplementaria de un gen que codifica una enzima

capaz de atacar las pectinas componentes

de la pared celular vegetal. Como consecuencia,

este tomate transgénico tardaba más tiempo

en pudrirse. Fue un fracaso comercial, ya

63

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

que los científicos de Calgene, la compañía que

lo desarrolló, partieron de una variedad de tomate

con bajo componente aromático y los

consumidores no lo aceptaron. Desde entonces

hasta nuestros días se han comercializado

más de 80 alimentos transgénicos en todo el

mundo, sobre todo en Australia, Canadá y Estados

Unidos. Una buena forma de medir la

implantación de estos nuevos desarrollos es

cuantificar la superficie mundial sembrada con

cultivos transgénicos. Desde el año 1994, la

organización ISAAA viene recabando estos

datos (http://www.isaaa.org/). Los últimos

disponibles indican que la superficie mundial

cultivada con plantas transgénicas crece continuamente

desde el año 1994 llegando a ser en

el año 2004 más de 80 millones de hectáreas

sembradas, fundamentalmente en Estados

Unidos, Canadá y Argentina, aunque también

hay superficie apreciable en China, Brasil, India,

Paraguay, África del Sur o Australia. En la

UE, tan sólo España y Rumania cultivan variedades

transgénicas.

El mayor porcentaje de alimentos transgénicos

comercializados corresponde a vegetales,

aunque también existen ejemplos de animales

de granja transgénicos e incluso

microorganismos modificados por ingeniería

genética que producen mejoras en alimentos

o bebidas fermentadas. Sobre todo se han

construido plantas resistentes al ataque por

plagas (viroides, virus, bacterias, hongos o

insectos). Con ellas se busca tener semillas

de variedades de enorme interés agronómico

en las que eliminar el uso de plaguicidas, ya

que la propia planta es resistente al ataque

merced al gen introducido. Así se logra un

doble efecto: por un lado, al obviar el uso del

insecticida se abarata el coste final de la producción,

lo que permite al agricultor pagar

más por una semilla porque luego ahorra en

fitosanitarios y, por otro, se reduce considerablemente

el uso de estos productos y su posible

impacto negativo en el medio ambiente
4.

Otro gran grupo de vegetales transgénicos es

el representado por la llamada soja transgénica,

que contiene en su genoma un gen proveniente

del genoma de la petunia que confiere

resistencia al herbicida glifosato. De esta forma

es posible tratar la plantación transgénica

con el herbicida y eliminar sólo las malas

hierbas. Los aumentos de producción por el

uso de este cultivo OMG se sitúan en torno al

20%, por lo que el uso de semillas de soja

transgénica alcanzó el año pasado porcentajes

del 98% en un país productor como Argentina
5.

Otra gran parte de los desarrollos se ha dirigido

a la mejora de propiedades físicas o

químicas en los alimentos. Se han desarrollado

patatas transgénicas con cambios en los

contenidos de almidón, lo que repercute en su

capacidad de retener aceite durante la fritura
6;

existen tomates y melones transgénicos

en los que se puede regular el proceso de maduración
7,

y se han construido carpas y salmones

transgénicos que portan múltiples copias

del gen de la hormona de crecimiento de

la trucha y ganan tamaño mucho más rápido

con el consiguiente beneficio para el productor
8.

También se han generado levaduras vínicas

transgénicas que mejoran el aroma de

los vinos
9 o bacterias lácticas que incrementan

el aroma de la mantequilla
10. Las posibi-

64

NUTRIGENÉTICA Y NUTRIGENÓMICA

lidades son enormes siempre que se tenga un

conocimiento bioquímico y molecular del fenotipo

a mejorar.

Pero sin duda, por las razones expuestas

al comienzo de este artículo, el objetivo clave

para el futuro es mejorar las propiedades nutricionales

de los alimentos, ya que el consumidor

percibe positivamente estos desarrollos

al implicar una posible mejora para su

salud. En este sentido ya se han conseguido

logros importantes en distintos laboratorios

(tabla 1). De todos ellos el más relevante es

la generación del llamado arroz dorado, capaz

de aliviar la falta de vitamina A producida

por dietas basadas en cereales como el

arroz que conllevan poco consumo de frutas,

legumbres y alimentos de origen animal. La

Organización Mundial de la Salud (OMS) estima

que hay 124 millones de niños en todo

el mundo que padecen esta deficiencia vitamínica,

de forma que el suministro de vitamina

A, o su precursor el b-caroteno, salvaría la

vida a un millón y medio de niños cada año.

La base metabólica de la deficiencia de esta

vitamina se basa en que en la planta del arroz

sólo se sintetizan carotenoides en las hojas,

pero en el endospermo del arroz, su parte comestible,

no hay síntesis de las enzimas fitoeno

sintasa, fitoeno desaturasa y licopeno ciclasa.

Por ingeniería genética se ha

construido el mencionado arroz dorado que

contiene el gen que codifica la fitoeno sintasa

y la licopeno ciclasa provenientes del genoma

del narciso y el que codifica la fitoeno desaturasa

del genoma de la bacteria del suelo
Erwinia

uredovora
, de forma que su endospermo

contiene 1,6 mg de vitamina A por gramo

de endospermo
11. Esta cantidad no es suficiente

para acabar con el problema del déficit

nutricional, por lo que algunas organizaciones

como Greenpeace tacharon el arroz dorado

de engaño y estafa. Afortunadamente, los

científicos que trabajan en este campo no hicieron

caso de las descalificaciones vertidas y

continuaron con su trabajo, de forma que han

obtenido una nueva variedad transgénica

que produce en su endospermo 37 mg de vitamina

A por gramo
12. Esta cantidad ya es

suficiente para paliar el problema nutricional.

Evaluación de los alimentos

transgénicos

Como antes comentamos, buena parte de

la población europea se muestra recelosa en

relación con la seguridad que los alimentos

transgénicos tienen para la salud humana y

65

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

TABLA 1. Alimentos transgénicos con mejoras

en la composición nutricional

Organismo

transgénico Modificación introducida

Planta Incremento o producción de vitaminas

Biodisponibilidad de hierro

Producción de flavonoides

Cambios en el perfil de ácidos grasos

Incremento de aminoácidos

Producción de oligosacáridos

Animal Cambios en la composición bioquímica

de la leche

Bacteria Producción de vitaminas

Levadura Producción de resveratrol

el medio ambiente. En realidad no hay motivos

para ello
13. Desde hace quince años, organismos

como OMS, la Food and Agriculture

Organization (FAO) y la Organización para

la Cooperación y el Desarrollo Económico

(OCDE) han creado grupos de trabajo sobre la

seguridad para el consumidor de los alimentos

transgénicos, en los que se concede prioridad

a la elaboración de los principios científicos

de evaluación de la misma. No existe

una reglamentación establecida porque cada

alimento presenta su propia idiosincrasia de

evaluación. Por ello la OMS ha establecido el

modelo de evaluación caso por caso, alimento

transgénico por alimento transgénico. En

esta estrategia resulta importante el desarrollo

del concepto de equivalencia sustancial.

Se trata de otorgar dicha categoría a aquellos

alimentos transgénicos cuya composición nutricional

y características organolépticas son

iguales a las del convencional del que provienen,

con la única excepción del nuevo carácter

introducido por ingeniería genética. En todos

los alimentos transgénicos que se han

comercializado hasta la fecha se da la equivalencia

sustancial. También en todos ellos se

ha llevado a cabo una evaluación de riesgos

sanitarios atendiendo a tres criterios: el contenido

nutricional, la posible presencia de

alergenos y el grado de toxicidad. La conclusión

de todos estos trabajos es que no existe

un solo dato científico que indique que dichos

alimentos, por el hecho de ser transgénicos,

representen un riesgo para la salud del consumidor

superior al que implica la ingestión

del alimento convencional correspondiente
14.

La importancia de estas evaluaciones es muy

grande, ya que jamás se habían evaluado los

alimentos como se ha hecho con éstos. Se

trata por tanto de un modelo paradigmático

de evaluación de la seguridad alimentaria.

Por todo ello, la OMS formuló en noviembre

del año pasado un manifiesto público contundente

en el que afirma que “los alimentos

transgénicos actualmente disponibles en el

mercado internacional han pasado las evaluaciones

de riesgo y no es probable que presenten

riesgos para la salud humana; además,

no se han demostrado efectos sobre la

salud humana como resultado del consumo

de dichos alimentos por la población general

en los países donde fueron aprobados”

(http://www.who.int/fsf/GMfood/). Este mensaje

ha tenido un efecto inmediato sobre las

organizaciones que se oponen a los transgénicos:

rápidamente han variado su discurso

hacia el riesgo medioambiental.

En cuanto al riesgo ambiental, ligado sobre

todo a las plantas transgénicas, las cosas

son menos claras. Desgraciadamente hay una

falta de conocimiento sobre los ecosistemas y

las metodologías necesarias para analizar

este tipo de riesgos, tanto el que presentan

las plantas transgénicas como las convencionales,

que también lo tienen. Por ello, antes

de dar el permiso de comercialización de una

planta transgénica se llevan a cabo liberaciones

controladas de las variedades transgénicas

al medio ambiente
15. Uno de los peligros

ambientales más mencionados es la posible

transferencia de los genes exógenos desde la

variedad transgénica a variedades silvestres

del entorno. Esta transferencia se produce

frecuentemente en la naturaleza, en algunas

66

NUTRIGENÉTICA Y NUTRIGENÓMICA

especies convencionales más que en otras.

Por eso podemos afirmar que, por ejemplo en

la UE, la transferencia de genes es improbable

si utilizamos maíz transgénico y probable

si utilizamos soja transgénica, ya que existen

variedades silvestres de soja pero no de maíz.

Conviene recordar que ese mismo riesgo se

da con cualquier variedad de maíz resistente

generada por cruce sexual. Por tanto, el problema

no son los transgénicos en sí, sino

nuestro desconocimiento en materia de evaluación

medioambiental.

Un segundo riesgo medioambiental lo

constituye la pérdida de biodiversidad asociada

al cultivo de plantas transgénicas. Desgraciadamente

ésta se viene produciendo

desde que el hombre decidió hacerse agricultor

y somos los consumidores con nuestros

gustos los que la alimentamos. Esta problemática

tiene, entre otros, un freno racional

consistente en potenciar los bancos de germoplasma

y las colecciones de cultivo. Por último,

otro posible riesgo medioambiental

hace referencia a los efectos dañinos que

ciertas plantas transgénicas resistentes a insectos

pueden tener sobre poblaciones de insectos

distintas a aquellas contra las que protegen.

Hace unos años todos los medios de

comunicación de nuestro país se hicieron eco

de un trabajo científico que demostraba que

las larvas de la mariposa Monarca morían al

ingerir polen de maíz transgénico, a pesar de

que los propios autores indicaban en su artículo

lo prematuro de sus investigaciones
16.

La reacción del mundo académico a la publicación

de dicho trabajo fue inmediata, indicándose

que los datos presentados eran poco

convincentes e incompletos
17. Desde entonces

se han realizado nuevos experimentos en

condiciones adecuadas que no han podido reproducir

el fenómeno, pero evidentemente

todo ello ha tenido poca difusión en los medios

de comunicación que antes se mostraron

tan interesados en la noticia negativa.

Los alimentos transgénicos en la UE y

fuera de la UE

Al evaluar el impacto social y económico

de la comercialización de estos alimentos resulta

conveniente diferenciar la situación en

la UE de la que se da en otros países, sobre

todo en los países en vías de desarrollo. En la

UE existe una sobrelegislación sobre comercialización

y etiquetado de los alimentos

transgénicos
18, 19. En general, como antes se

indicó, el ciudadano europeo no tiene un gran

aprecio por este tipo de productos. En realidad,

los comercializados hasta la fecha en la

UE, un maíz resistente al ataque de un gusano

y la soja resistente al glifosato, tan sólo

presentan características de relevancia para el

agricultor, pero al consumidor no le ofertan

algo nuevo. Este hecho dificulta su aprecio.

Aun así, dentro de la diversidad europea, los

ciudadanos alemanes, austríacos y franceses

son los que peor concepto tienen de los alimentos

transgénicos. Por el contrario, en el

Eurobarómetro correspondiente al año 2002,

España fue el país de la UE con mejor opinión

acerca de la biotecnología agroalimentaria

(http://europa.eu.int/comm/public_opinión/a

rchives/eb/ebs_177_en.pdf).

67

ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

En el caso de los países en vías de desarrollo

la situación es bien distinta. Cualquier

nueva aproximación agronómica puede representar

la diferencia entre sobrevivir o morir.

El informe de ISAAA anteriormente mencionado

indica que el 90% de los agricultores que

en el 2004 cultivaron plantas transgénicas en

nuestro planeta eran ciudadanos de países

pobres. Es claro que los cultivos y alimentos

transgénicos pueden ser una herramienta

fundamental para estos consumidores. Ahora

bien, serán una herramienta para paliar problemas

locales de productividad o deficiencias

nutricionales, nunca para acabar, como algunos

han indicado, con el problema del hambre

en el mundo. Este problema tiene raíces políticas

y se resuelve con medidas sociales adecuadas,

pero no con desarrollos científicos. Si

esas medidas se dieran, algo poco probable

dado el poco talante democrático y el alto grado

de corrupción de los gobernantes de países

con hambruna, los alimentos transgénicos serían

una herramienta adicional óptima. Mientras

no se den, sólo servirán -y ya es muchopara

solventar los problemas puntuales anteriormente

mencionados
20. Ese es el motivo

por el que países como China, India o Sudáfrica

tienen proyectos ambiciosos en biotecnología

agroalimentaria.

En cualquier caso existen una serie de países

como Argentina, Australia, China, India o

Estados Unidos que han hecho una apuesta

decidida por la agroalimentación transgénica.

¿Puede la UE vivir más tiempo ajena a esta

realidad? Probablemente no. Ese debe ser el

motivo por el que cada vez hay más apuestas

de los gobernantes europeos por este tipo de

tecnologías y menos voces disonantes. En el

fondo, el debate sobre la comercialización de

estos productos en la UE tiene mucho de debate

ideológico y poco, por no decir nada, de

debate técnico. Como cualquier tecnología, la

producción de alimentos transgénicos puede

ser muy beneficiosa siempre que se lleve a

cabo en el marco de un desarrollo sostenible.

Hace pocos meses, el Comité Asesor de Ética

de la Fundación Española para la Ciencia y la

Tecnología le recomendó al gobierno español

con un discurso similar al que acabamos de

plantear la apuesta decidida por los transgénicos

en la agroalimentación (http://www.

fecyt.es/default.cfm?id_seccion=1921&id_se

c=1918&nivel=2). Esperemos que, como en

el informe anterior de este Comité sobre la investigación

en células troncales embrionarias,

nuestros dirigentes sean capaces de

comprender el alcance negativo de las prohibiciones

a los nuevos desarrollos de la ciencia

y apuesten por un futuro para la agroalimentación

transgénica en convivencia con la

agricultura convencional, la agricultura orgánica

y la funcional. Todas ellas deberán protegerse

porque todas son imprescindibles y

responden a los diferentes intereses de los

consumidores españoles.

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ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

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